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  • AFP

El presidente estadounidense Barack Obama llega este viernes a Cartagena para su segunda Cumbre de las Américas con las manos casi vacías de promesas, mucho menos carisma y con delicados escollos diplomáticos por esquivar, como las críticas a la guerra contra las drogas.

Estados Unidos hace tiempo que reconoció públicamente que su prioridad diplomática y económica está en Asia, más allá de la guerra en Afganistán y de las crisis en Oriente Medio.

Mientras tanto, al sur de sus fronteras, "América Latina se puso de pie, las economías en la mayoría de América del Sur están pujantes y hay muchas más opciones más allá de Estados Unidos", sintetiza Cynthia Arnson, directora del programa América Latina del centro de análisis Woodrow Wilson.

"Esta cumbre simplemente no tiene nada que ver con la primera" en la que Obama participó en 2009, justo después de su llegada al poder, cuando fascinó a los mandatarios con su bagaje personal y encanto político, opina Arnson.

Sin embargo "tres años después, los niveles de popularidad del presidente (Obama) están muy por encima de cualquier otro presidente de la región, en todos los países", aseguró a la AFP Arturo Valenzuela, responsable de la diplomacia estadounidense hacia América Latina entre 2009 y 2011.

"Ya no existe un ALBA ascendente, con unos Estados Unidos en las cuerdas", añadió, en referencia al grupo de países liderado por Venezuela.

Ciertamente "las relaciones son hoy en día cordiales y libres de antagonismos del pasado" pero "también parecen carecer de vigor y rumbo", considera el centro Diálogo Interamericano en un informe especial.

Obama quizás es popular entre los latinoamericanos, pero parece serlo ya mucho menos entre sus homólogos con los que departirá durante la cumbre.

Buena parte de los mandatarios centroamericanos se desesperan ante la violencia sin fin de la guerra contra el narcotráfico, sin resultados claros a la vista y con una ayuda oficial estadounidense que amenaza con disminuir regularmente a causa del Congreso.

Otros, como la brasileña Dilma Rousseff, prefieren mantenerse a una prudente distancia de una potencia que a ratos sólo parece estar interesada en oportunidades fáciles, como el petróleo en aguas profundas, que liberaría a Washington de la molesta dependencia de Venezuela.

Washington estuvo a la altura de desafíos como el golpe de Estado en Honduras, pero el mundo se ha hecho más complejo, las oportunidades diplomáticas se abrieron para todos los países, y el gobierno Obama parece cómodo o resignado con ello.

China prestó en 2010 más de 37.000 millones de dólares a América Latina, más que Estados Unidos, el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo juntos.

Estados Unidos ve a América Latina como una tierra de oportunidades, pero al mismo tiempo sigue imperando la visión de que debe seguir ayudándose a si misma para resolver los problemas de pobreza extrema, de inequidad, de reformas.

"El éxito económico de la región beneficia nuestros intereses", explicó el miércoles en rueda de prensa telefónica Ben Rhodes, un portavoz del Consejo de Seguridad Nacional del presidente.

En cuanto al debate sobre la legalización de las drogas, el gobierno Obama asegura estar dispuesto a escuchar los argumentos, pero el responsable para América Latina del Consejo de Seguridad Nacional, Dan Restrepo, aseguró a periodistas que Obama también recordará los deberes de todos los países de la región.

"No hay consenso" para una legalización, enfatizó Restrepo.

Simbólicamente, el primer acto público de Obama en Cartagena será participar en el foro empresarial que Colombia organizó, el primero al margen de una cumbre.

Luego mantendrá bilaterales y participará en el debate presidencial, donde previsiblemente se alzarán voces para exigir que Cuba participe en la próxima cita.

Obama tampoco rehuirá ese debate, sugirió Restrepo.

"Creo que verán al presidente hablar y alentar a sus socios a que respondan al mismo compromiso compartido" sobre la democracia en la región, explicó Restrepo.