• Izalco, El Salvador |
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  • AFP

Oscar Armando Reyes y Carlos Alberto Rivas son dos cabecillas de la pandilla 18 que desde una cárcel del oeste de El Salvador contribuyen a mantener una tregua que redujo los homicidios de 14 a 6 por día bajo la consigna de que pueden hacer "cosas buenas".

"Así como hemos hecho cosas malas, también podemos hacer cosas buenas. Yo invito a mis hommis (amigos), invito a mi raza a que con esmero de un cien por ciento echemos adelante este proceso", aseguró Reyes, de 42 años, durante la celebración de una misa en el penal de Izalco, 70 km al oeste de San Salvador.

Reunidos en cancha de baloncesto bajo techo, en el interior del penal de elevados muros y alambrada de púas, los pandilleros de la Mara 18 declaran que la tregua es parte de "un proceso de meditación" alentado por el vicario castrense Fabio Colindres y el ex comandante guerrillero Raúl Mijango.

La tregua entre las dos principales pandillas, la Mara Salvatrucha (MS-13) y la Mara-18, se inició el pasado 9 de marzo. Para que los cabecillas de ambas pandillas trasladaran la orden a sus "clicas" (células), las autoridades penitenciarias los pasaron de un penal de máxima seguridad a otros sin restricciones de visitas.

Tatuados en su mayoría y vestidos de blanco y amarillo (los colores de El Vaticano) los 1.400 pandilleros de la mara 18 recluidos en el presidio de Izalco reiteran su deseo de readaptarse.

Reyes, con 11 años de reclusión en diferentes presidios advirtió: "somos personas como cualquiera, no importa cuántos tatuajes andemos, no importa cómo andemos todo nuestro cuerpo de tatuajes, pero somos personas con sentimientos, que sentimos, que sufrimos y que podemos readaptarnos".

Carlos Alberto Rivas, alias Chino Tres Colas, de 38 años, comentó que se les ha presentado como "lo más vil y más feo" de la sociedad y aclaró que recientes homicidios cometidos en el país no son obra de esa organización.

"Nosotros estamos aportando lo más que está a nuestro alcance y solo pedimos oportunidades, como fuentes de trabajo para poder ayudar a nuestras familias, no pedimos nada ilícito, queremos todo apegado a la ley", aseguró.

Como parte del proceso de conversión, Rivas afirma que "hoy estamos en toda la disponibilidad de ayudar a sacar esto adelante, a que la sociedad civil se sienta segura ya que antes se sentía insegura".

Sobre las extorsiones de las maras a propietarios de autobuses y todo tipo de comerciantes, Rivas reconoció que "muchos compañeros se han metido en eso por la necesidad que están pasando... como no nos dan oportunidades de trabajo".

Lograr el fin de las extorsiones es para el vicario Colindres uno de los "puntos más críticos" y estimó que a los pandilleros se les debe ofrecer "oportunidades" para que puedan desistir de esa práctica.

Tras reconocer que en la cárcel "la vida no es fácil", Reyes hizo un llamamiento a los jóvenes salvadoreños para que "busquen aprender cosas positivas y que busquen hacer de su vida algo productivo".

Por su parte, el ex comandante guerrillero Mijango, exdiputado y empesario, celebró que en 34 días de tregua los homicidios se redujeron en un 60% en el país.

Mijango advirtió que "sectores minúsculos" y peligrosos están buscando sabotear el proceso de distensión y denunció que algunos líderes de pandillas han sufrido la desaparición de familiares en los últimos días.

Motivado por el esfuerzo de "parar la guerra social" que vive el país y animar a que el incipiente proceso de distensión se mantenga, Mijango realiza una serie de visitas a seis cárceles donde están recluidos los 10.000 pandilleros.