•   Tokio, Japón  |
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  • AFP

Los profesionales del turismo mundial, reunidos en Japón, mantienen su confianza pese a las incertidumbres provocadas por la coyuntura, con la mirada puesta en los nuevos turistas de los países emergentes, con los chinos a la cabeza.

"Nuestra industria va a crecer pese a todas las crisis de estos últimos años", aseguró el presidente del gigante alemán del turismo TUI Michael Frenzel.

Los participantes en la cumbre anual del Consejo Mundial del Viaje y del Turismo (WTTC, por sus siglas en inglés) dieron cuenta de las diferentes crisis a las que se ha afrontado el sector en los últimos tiempos: crisis financiera 2008-2009, erupción del volcán islandés Eyjafjöll en abril de 2010, problemas de la deuda en Europa y primavera árabe en 2011.

Pese a estas problemáticas, el ambiente no es pesimista en la gran convocatoria anual del turismo mundial, que se celebra hasta el jueves en la capital japonesa y que fue inaugurada simbólicamente en Sendai (nordeste del país), ciudad devastada por el sismo y el tsunami del 11 de marzo de 2011.

Numerosos participantes - representantes de agencias de viajes, de compañías aéreas y ferroviarias, de hoteles y autoridades políticas en la materia - insisten en las cifras alentadoras del pasado año, cuando el número de turistas internacionales aumentó un 4,4%, con una cifra cercana a los mil millones, según la Organización Mundial del Turismo.

No obstante, las dificultades financieras en Europa y la atonía de la economía en Estados Unidos, se dejaron sentir claramente.

"Los europeos y los norteamericanos nos visitaron en menor número", dijo Lu Zhiyuan, gobernador adjunto de la provincia china de Hainan, una isla meridional muy apreciada por los viajeros.

Las revoluciones en los países árabes provocaron una drástica daída de las pernoctaciones en países que dependen en gran medida del turismo, como Túnez y Egipto, donde los turistas no se desplazaron por miedo a la situación política.

Japón, por su parte, pagó un pesado tributo por el tsunami y el posterior accidente nuclear de Fukushima, lo que provocó una fuerte caída de la frecuentación turística.

También hay buenas noticias para el sector: "Tenemos un fuerte potencial de crecimiento con los BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) y once países que vienen por detrás (varios del sudeste asiático, Corea del Sur, Egipto, México, Nigeria y Turquía)", explicó Mark Harms, presidente ejecutivo de Global Leisure Partners, un banco especializado en inversiones turísticas.

Cientos de millones de chinos accederán a la clase media en la presente década, lo que representa "una magnífica ocasión", aseguró entusiasta Harms, una opinión compartida por numerosos participantes.

Añadiendo el resto de países en crecimiento, "3.000 millones de personas en total pronto formarán parte de la clase media en todo el mundo", insistió Frits Van Paasschen, presidente de la cadena de hoteles Starwood.

El sector cuenta con esas poblaciones en ascenso social, a menudo jóvenes, para aumentar su crecimiento a un ritmo del 4% anual, según las previsiones. Con 225 millones de empleos directos o indirectos, uno de cada 12 trabajadores en el mundo está más o menos relacionado con las actividades turísticas.

"Viajo, luego existo", clamó Parag Khanna, director del Instituto de Prospectiva Hybrid Reality, asegurando que esas nuevas clases pudientes cederán a su vez al deseo de viajar, por placer, por necesidad profesional o por aprender.

Estos nuevos turistas no sólo querrán descubrir sus propios países, como China, donde las autoridades han puesto el acento en el desarrollo del turismo interior, sino que traspasarán las fronteras en búsqueda de nuevas y diversas experiencias culturales.

Pese a que Europa ofrece menos turistas, ya se está beneficiando de esta evolución del turismo mundial, lo que ha incitado a grupos hoteleros a apostar de nuevo por ella.

"Europa tiene una increíble densidad de culturas, de lugares históricos y naturales que van a interesar a cientos de millones de nuevos turistas", aventuró Frenzel.