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Juan Carlos I de España, rey discreto y cercano a sus súbditos, cuyo respeto se ganó al impulsar la democracia tras la muerte del dictador Francisco Franco, se vio rodeado en los últimos tiempos por polémicas y escándalos que acabaron por afectar a su buena imagen.

Proclamado rey a los 37 años, el 22 de noviembre de 1975, tras haber sido designado como su sucesor por Franco, Juan Carlos había emprendido muy rápidamente la transición hacia un sistema democrático, lo que le valió su inmensa popularidad a nivel nacional e internacional.

Apegado a una monarquía que él había restaurado 44 años después de que su abuelo Alfonso XIII emprendiera el exilio en 1931, con el inicio de la II República española (1931-1936), Juan Carlos se esforzó por defender la legitimidad de la institución cuando ésta comenzó a acumular contratiempos.

El primer escándalo que afectó a la familia real fue también el más grave: la implicación del yerno del rey, Iñaki Urdangarín, en un caso de corrupción.

"La justicia es igual para todos", afirmó inmediatamente el monarca, de 74 años, en un mensaje ante el país.

"Todos, sobre todo las personas con responsabilidades públicas, tenemos el deber de observar un comportamiento adecuado", afirmó, y excluyó a Urdangarín de sus ceremonias oficiales.

También, en un inédito gesto de transparencia, decidió hacer públicas las cuentas de la Casa Real por primera vez en la historia.

Pero España comenzó a buscar ese "comportamiento adecuado" y saltaron las polémicas, por ejemplo cuando el nieto del monarca, de 13 años, se disparó accidentalmente en un pie con una escopeta prohibida a los menores de 14 años.

Las críticas acabaron por alcanzar al rey al saberse, a raíz de un accidente, que había viajado a Botsuana para cazar elefantes.

No faltaron las voces de indignación de los defensores de los animales y de otros españoles que, en un contexto de extensa crisis, censuraron tan costoso pasatiempos.

"Lo siento mucho, me he equivocado y no volverá a ocurrir", afirmó con semblante compungido ante las cámaras de televisión un rey que hasta entonces había disfrutado del afecto incondicional de su población.

"Mi padre repetía (...) que su ambición era llegar a ser el rey de todos los españoles y yo estoy muy orgulloso de haber hecho una realidad indiscutible el viejo sueño de mi padre", había dicho hace años en su biografía.

Descendiente de la familia de los Borbón, Juan Carlos Alfonso Víctor María de Borbón y Borbón nació el 5 de enero de 1938 en Roma. Su padre don Juan de Borbón, heredero directo, no fue nunca rey, apartado por Franco, quien prefirió al joven Juan Carlos.

En 1962, tras años de formación militar y estudios de derecho y economía, el futuro monarca se casó en Atenas con la princesa Sofía, hija mayor del rey de Grecia Pablo I.

Y, contrariamente a lo que algunos esperaban, poco después de la muerte de Franco, el 20 de noviembre de 1975, Juan Carlos inició el difícil proceso de poner en pie el aparato democrático.

Legalizó los partidos políticos, designó a un presidente del gobierno -el centrista Adolfo Suárez- al que encargó organizar elecciones e hizo aprobar por referéndum una nueva Constitución en 1978.

Si quedaban dudas entre algunos sectores políticos, su intervención para frenar el intento de golpe de Estado del 23 de febrero de 1981 lo identificó definitivamente con la democracia.

"Sabía que los militares iban a aceptarme porque yo había sido designado por Franco (...) porque yo había pasado por todas las academias militares y me había ganado la amistad de muchos", afirmó sobre su intervención televisiva en que, vestido con el uniforme militar, ordenó a los sublevados que regresaran a los cuarteles.

En el exterior ha desarrollado una fructífera labor de embajador en sus múltiples viajes por Europa, Estados Unidos, los países árabes y sobre todo América Latina, región donde "apoyó la transición de las dictaduras a las democracias", según el historiador británico Paul Preston.

Desde su creación, en 1991, Juan Carlos ha asistido cada año a las cumbres iberoamericanas, que se celebran entre 22 países de ambos lados del Atlántico.

Precisamente en una de ellas, en Santiago de Chile en 2007, el rey, conocido por su carácter afable y llano, soltó al mandatario venezolano Hugo Chávez el famoso "¿Por qué no te callas?", después de que aquél copara la palabra insultando a un presidente del gobierno español.