•   Comayagua, Honduras  |
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  • AFP

El alerta de un cortocircuito, que resultó una falsa alarma, reactivó este lunes el fantasma del incendio en el penal hondureño de Comayagua, en el que hace tres meses murieron 361 reos, informaron las autoridades.

La medianoche del 14 de febrero pasado, un incendio desatado en la prisión de Comayagua -90 km al norte de Tegucigalpa- se convirtió en un infierno para los 852 reclusos que la ocupaban, muchos de los cuales murieron atrapados en las celdas, calcinados y asfixiados por el humo.

Las llaves de las celdas se extraviaron o confundieron y la tardanza en abrirlas fue fatal para la mayoría de los recluidos en cinco de las diez celdas, diseñadas originalmente para albergar a 45 personas cada una pero que se hallaban sobrehabitadas en cifras de hasta 110 reos.

La mañana de este lunes, los reos alertaron sobre un cortocircuito en una de las celdas pero el director del penal, comisionado Dany Rodríguez, dijo a la AFP que llevó a expertos de la empresa de energía y verficaron que "no había nada" y que "todo es pura psicosis de ellos".

Sobre la tragedia del 14 de febrero, la Oficina de Alcohol, Tabaco, Armas de Fuego y Explosivos de Estados Unidos (ATF por sus siglas en inglés) realizó una investigación a pedido de las autoridades hondureñas y estableció que el origen del fuego "fue accidental", causado por una llama abierta, probablemente un cigarro, un encendedor o un fósforo.

El portavoz de la fiscalía, Melvin Duarte, informó a la AFP que hasta este lunes "faltan nueve cuerpos por identificar y (hay) uno ya identificado que nadie ha reclamado".

"Mi hijo dice que es crítico ahora estar adentro por el motivo de que les mandan a decir que los van a volver a quemar y ellos se ponen preocupados por el momento que vivieron", aseguró a la AFP María Amparo Pereira, quien visitaba a Benjamín Machado, de 30 años, un sobreviviente que tiene dos años de estar preso por homicidio.

"Le dijeron que cuando terminaran de entregar el último cadáver iban a venir a terminarlos, dice que los llaman por teléfono pero no me dijo quiénes", relató.

"Las cosas han empeorado y no tenemos más que ponerlos en las manos de Dios, antes no teníamos esta zozobra", dijo Marina Méndez, de 51 años, madre de Adonis Euceda, de 22 años, acusado por portación ilegal de armas.

Sin embargo, el director del centro, Dany Rodríguez, aseguró a la AFP que "las condiciones han mejorado" en la cárcel porque "actualmente tenemos 428 privados de libertad, antes del siniestro eran 852, ha salido libre una buena cantidad y ya no están entrando hasta que reparemos las otras celdas".

También dijo que a seis celdas les reconstruyeron el techo y falta hacer lo mismo con las otras cuatro, abrieron una puerta de evacuación de emergencia en cada una de las celdas y revisaron el sistema eléctrico.

Al mismo tiempo, dijo que se ha mandado a poner candados que abren todos con la misma llave, porque lo que ocurrió durante el incendio fue que no se hallaba la que correspondía a cada celda.

Según organismos de derechos humanos y entidades estatales, las 24 cárceles hondureñas enfrentan severos problemas de hacinamiento, debido a que fueron construidas para albergar a unos 8.000 presos, pero mantienen a unos 13.000, el 60% de ellos sin condena.