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Poco a poco, las icónicas playas de Hawaii están desapareciendo.

La mayor parte de las playas en las tres islas más grandes se están erosionando, y la erosión probablemente se acelerará conforme se eleven los niveles del mar, según reporta el Sondeo Geológico de Estados Unidos.

Aunque las tasas de erosión promedio son relativamente bajas –quizá varios centímetros por año–, subieron a algunos metros por año y son altamente variables de una isla a otra y dentro de cada isla, dicen científicos de la agencia. El informe indica que en el último siglo, alrededor de 9 por ciento de la costa de arena en las islas de Hawaii, Oahu y Maui ha desaparecido. Eso es casi 23 kilómetros de playa.

Las conclusiones tienen importantes repercusiones para la seguridad pública, la economía turística multimillonaria del estado y el estilo de vida que los hawaianos atesoran, dijo Charles H. Fletcher, quien encabezó el trabajo de la agencia.

“Este es un problema grave”, dijo Fletcher, un geólogo de la Universidad de Hawaii en Manoa.

El nivel del mar no se eleva uniformemente en todo el mundo, y hasta ahora, dijeron Fletcher y otros geólogos en entrevistas, Hawaii ha escapado de parte del ascenso que ha ocurrido en otras partes conforme el clima de la Tierra se calienta. Pero esa situación probablemente continuará, indica el informe.

La historia geológica de Hawaii también le deja inusualmente vulnerable. Las islas se formaron, una por una, cuando una placa tectónica que las portaba se movió hacia el noroeste sobre un “punto caliente”, donde una columna de lava fundida empuja a través del suelo marino. A través de los milenios, este material se enfría, se acumula y eventualmente se eleva por encima de las olas. (Loihi, una montaña submarina –por ahora– al sudeste de la isla de Hawaii, es la más reciente en experimentar este proceso.)

Pero una vez que el lento movimiento de la placa aleja a una isla del punto caliente, su material volcánico empieza a comprimirse, causando que la isla empiece a hundirse, empeorando sus perspectivas de erosión.

El nuevo análisis, “Evaluación Nacional del Cambio Costero: El Cambio Costero Histórico en las Islas Hawaianas”, es el más reciente en una serie de reportes que el sondeo geológico ha producido para las Costas Atlántica y del Golfo, California y algunas de Alaska.

En general, sus conclusiones son similares: “Todas muestran erosión neta en grados diversos”, dijo Asbury H. Sallenger Jr., un científico costero de la agencia que encabeza el trabajo.

S. Jeffress Williams, otro científico de la agencia, dijo que los investigadores habían producido a través de los años varios estudios de las costas de Hawaii, usando varios métodos de recolección y análisis de datos.

“Muchos estaban bien hechos, pero es como mezclar naranjas y manzanas”, dijo refiriéndose a la necesidad de adoptar métodos de estudio estandarizados. El nuevo trabajo pretende permitir a los investigadores comparar daros de los estados de todo el país.

Y aunque parece evidente que la erosión debe estar vinculada a los mares en ascenso, “se tiene que documentar”, dijo Williams. Por ejemplo, dijo, en una playa que recibe una afluencia constante de arena, “se puede tener erosión marginal o estable o incluso pueden aumentar las costas”.

Pero ese no es comúnmente el caso en Hawaii, donde la respuesta típica a la erosión ha sido proteger los edificios con rompeolas y otro blindaje costero. “Es la herramienta de gestión por descontado”, dijo Fletcher. Pero en Hawaii, como en casi todos los lugares donde este blindaje se ha intentado, resulta en la degradación o incluso la pérdida de playas, conforme el agua ascendente eventualmente supera al dique, inundando la playa.

Sugirió que los planificadores en Hawaii vean el caso de la Samoa estadounidense, donde, dijo, “es difícil encontrar una sola playa. Ha sido un rompeolas tras otro”.

Pero el enfoque alternativo más común, rellenar las playas con arena bombeada, es difícil en Hawaii, donde la arena de buena calidad puede costar 10 veces más que en la Costa Este, dijo Williams.

Fletcher dijo que cree que la respuesta radica en alentar a la gente a alejar edificios y otra infraestructura de la costa, una estrategia que los científicos costeros llaman retroceso. “Si queremos playas tenemos que alejarnos del océano”, dijo. Pero, añadió, “es fácil hablar de un retroceso; es mucho más difícil implementarlo”.

Sallenger dijo que esperaba que el trabajo en Hawaii y otras partes ayude a los formuladores de políticas.