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Hace cuatro años, la BYD Co. promovió la tecnología de las baterías eléctricas que desarrollaba como una forma para ayudar a China a transformar el automóvil. No menos un inversionista que Warren E. Buffett, uno de los hombres más ricos del mundo, alardeó sobre las perspectivas de la compañía y compró un interés de 10 por ciento.

Sin embargo, nada ha salido bien a últimas fechas. Las acciones de BYD bajaron 43 por ciento, respecto de su punto máximo el 8 de febrero, a medida que inversionistas y analistas han cuestionado que la compañía tenga la tecnología o la calidad de manufactura para ser un competidor subsistente en el mercado chino.

Las ventas de los automóviles a gasolina, el principal pilar comercial de BYD, bajaron esta primavera porque los compradores chinos buscan los coches más caros, pero de mejor calidad de sus rivales. Al mismo tiempo, BYD acepta ahora que es más factible que el futuro de la industria automotriz esté en los híbridos de gasolina y electricidad, que aún encaran problemas con el alcance de la batería y la duración de la recarga.

Y el 27 de mayo, surgieron preguntas nuevas sobre la tecnología de las baterías de la compañía cuando un coche deportivo Nissan GT-R que circulaba a más de 177 kilómetros por hora se estampó contra la parte posterior de uno de los taxis eléctricos de BYD en el sur de China y provocó que se incendiara.

El taxi, un sedán e6 eléctrico con batería, giró por tres carriles, golpeó un árbol y lo envolvieron las llamas; murieron sus tres ocupantes. Las fotografías del accidente se propagaron rápidamente por internet en China, provocando que bajaran drásticamente las acciones de la compañía al día siguiente; BYD tuvo que emitir una declaración para enfatizar que, probablemente, ningún coche, eléctrico o de otro tipo, habría sobrevivido a semejante impacto.

“No sabemos lo que pasó – si el paquete de la batería se quemó o fue el equipo de alto voltaje, o si se incendió la tela, o quizá alguna otra razón”, dijo Paul Lin, el director de márquetin, y agregó que ni la policía ni la compañía habían determinado qué causó las muertes, si el impacto a alta velocidad o el fuego subsecuente.

Los medios chinos informaron que el conductor del coche deportivo iba en estado de ebriedad y lo acompañaban tres mujeres. Los ocupantes no resultaron gravemente heridos, y huyó el chofer.

Aunque las acciones de BYD repuntaron el 29 de mayo mientras los inversionistas parecían aceptar la explicación de la empresa, persisten los retos a más largo plazo para BYD.

Cuando Buffett compró 10 por ciento de la compañía en septiembre de 2008, utilizando a una subsidiaria de Berkshire Hathaway, su empresa principal, BYD tenía planes de empezar a exportar coches eléctricos a Estados Unidos en dos años. Esos planes se detuvieron rápidamente, en parte por la crisis económica mundial, pero también porque BYD, como muchos fabricantes de automóviles, concluyó desde entonces que los híbridos de gasolina y electricidad son más prometedores.

“Son cada vez más las compañías que sin duda lo harán así”, dijo en una entrevista Wang Chuanfu, fundador y presidente de BYD, el otoño pasado en las oficinas centrales en Shenzhen, sin descartar un futuro para los coches eléctricos en China.

Aunque otras compañías automotrices chinas también están batallando, BYD ha estado entre las más duramente golpeadas.

Sus ventas cayeron ocho por ciento en los primeros cuatro meses de este año, aunque el mercado automotriz chino en su conjunto creció seis por ciento. Tan solo en abril, las ventas de la empresa se deslizaron 19 por ciento, pero el mercado creció 18 por ciento.

Parte del problema es un cambio drástico en las políticas gubernamentales.

El ayuntamiento de Pekín, que había sido el mercado automotriz municipal más grande del país, redujo el año pasado en dos tercios la cantidad de placas de circulación que emite anualmente y creó una lotería para distribuirlas. Con la escasez de placas, los compradores han tendido a ponérselas a coches caros, de marcas extranjeras, en lugar de los económicos, fabricados localmente.

El gobierno chino insinuó el 28 de mayo que podría ayudar a la industria automotriz con un programa de “dinero por su carcacha”, aportando subsidios gubernamentales para personas que cambien coches usados por unos nuevos como parte de una medida más general de los funcionarios en Pekín para estimular a la vacilante economía del país.