•   Nueva York, Estados Unidos  |
  •  |
  •  |
  • elnuevodiario.com.ni

Inmigrantes sudcoreanos entraban en Hwang Jae Video en Queens una tarde reciente para dejar las películas rentadas y llevarse unas nuevas. Las queridas telenovelas sudcoreanas, incluidas “Dumb Mom” y “Delicious Life”, eran especialmente populares.

Sin embargo, los clientes no buscaban DVD. Querían sus películas y programas de televisión en videocasetes.

Miles de ellos llenaban los estantes de la tienda. Miles más estaban apilados ordenadamente en el piso.

“Soy anticuado”, dijo Youngae Park de 66 años, mientras escogía tres videocasetes, su asignación semanal.

En esta era del “streaming” y los discos para Blu-ray, todavía existe un lugar donde subsiste el voluminoso casete VHS: las comunidades de inmigrantes en la Ciudad de Nueva York.

La sobrevivencia del formato puede relacionarse con algunos inmigrantes, en particular con quienes tienen más años, que parecen más renuentes a adoptar la cultura que hay en Estados Unidos de desechar cosas, del consumidor que siempre se moderniza. ¿Por qué actualizarse a la tecnología de hoy? Esos viejos casetes están muy bien.

“El inmigrante sí valora mucho lo que no tuvo”, dijo Orlando Tobon, un dirigente de la comunidad colombiana en Jackson Heights, Queens, quien tiene una agencia de viajes y oficina para declaraciones fiscales. “Y, si todavía sirven, los siguen usando”.

En Harlem, en el establecimiento de un senegalés, se almacenan casetes de películas hechas por la industria cinematográfica africana en expansión, y al menos dos en Queens, una de un paquistaní y la otra de un bangladesí, tienen cintas de Bollywood en videocasetes para la enorme población surasiática del distrito. Los latinos con una preferencia persistente por el formato van a la tienda peruana en Jackson Heights.

En entrevistas, los dueños de los establecimientos dijeron que la venta y renta de videocasetes, aunque ahora sólo es una parte pequeña que se está reduciendo, se sostienen en parte gracias a los inmigrantes de mayor edad que parecen menos inclinados que los jóvenes a tener nuevos artefactos.

Una inmigrante sudcoreana llamada Jesook Choi, de 60 años, otra clienta de Hwang Jae Video, dijo que tiene un reproductor de DVD, pero nunca lo usa. “Cada vez que quiero ver algo, no puedo hacerlo funcionar”, dijo Choi, cuando rentaba dos casetes, ambos de dramas coreanos de televisión. De cualquier forma, agregó, usar videocasetes “se parece en algo a una vieja tradición coreana”.

NADIE QUIERE BOTARLOS

El dueño de Hwang Jae Video, Young Woo Kim de 52 años, abrió su establecimiento en Elmhurst poco después de que llegara de Corea del Sur en 1989, cuando los videocasetes todavía eran el formato reinante. Ahora representan cerca de 30 por ciento de su negocio, estimó; un porcentaje muchísimo más alto que el de muchos otros lugares de videos que todavía tienen casetes.

Muchos de sus clientes están acostumbrados a ver sistemáticamente los nuevos programas de televisión y las películas coreanas. Todo lo que está disponible en casetes también lo hay en DVD, pero muchas personas prefieren el viejo formato, dijo Kim. Cobra un dólar por la renta de una semana.

Sensible a las exigencias de la vida del inmigrante, dijo, no cobra cuotas por retraso.

Al preguntársele cómo sostiene un negocio con esos precios, Kim sonrió incómodo. “Ahora es un poco difícil”, dijo.

“¿Tirarlos?”, preguntó Mamadou Sangotte, de 55 años, el dueño de Yatt Ndyndory Video en el centro de Harlem.

Desde 1998, Sangotte ha operado su pequeño establecimiento en la avenida Lenox. Ha relegado los videocasetes, como “Two Bad Boys” y “Billionaires Club 3”, de Nigeria, a los estantes de hasta arriba, difíciles de alcanzar. Sin embargo, la idea de tirarlos parece dejarlo perplejo. “¿Cómo podría hacerlo?”, preguntó.

Sangotte y otros dueños dijeron que mientras haya una posibilidad de sacarle algún dinero al inventario de casetes, padecerían el amontonamiento.

“Tendría 20 y diría: ‘Deme 10 dólares y lléveselos todos. ¡Por favor!’”, dijo Rana Ghufran, de 40 años, un inmigrante paquistaní, cuyo hermano es dueño de Bollywood Video, ubicado en medio de dos charcuterías surasiáticas en la avenida Hillside en Hollis, Queens.

En Video Express en la avenida 30 en Astoria, Queens, la lealtad del propietario hacia el formato parece motivado no por el ingreso potencial, por raquítico que sea, sino por la nostalgia.