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  • El País / España

La Bolsa griega ha caído un 56% en un año. El jueves, sin embargo, registró una insólita subida del 10%, con los bancos (descapitalizados y en plena hemorragia de depósitos) disparándose entre el 25 y 30%. El fenómeno se debió a una oleada de rumores sobre presuntos sondeos secretos que pronosticaban que en las elecciones de hoy la victoria correspondería a Nueva Democracia, el partido conservador que propugna el cumplimiento de los acuerdos con los acreedores y de los planes de austeridad (con algunos retoques para hacerlos menos salvajes) y el mantenimiento de Grecia dentro de la unión monetaria.

Está prohibido publicar sondeos en las dos semanas previas a unas elecciones. Pero en la Bolsa muchos decían haber visto varios que mostraban un avance de Nueva Democracia, con una ventaja cercana a los tres puntos sobre los progresistas de Syriza.

Andonis Samaras, líder de Nueva Democracia, ha lanzado en los últimos días mensajes sobre la necesidad de atajar el aumento de la delincuencia. La solución, según él, pasa por cerrar las fronteras a la inmigración y expulsar a los extranjeros en situación ilegal.

Se trata de guiños a los griegos más derechistas y xenófobos, los que hace un mes, en las elecciones de mayo, optaron por la ultraderecha de Griegos Independientes o por los neonazis de Amanecer Dorado.

Las empresas demoscópicas insisten en que no perciben en sus prospecciones, encargadas por los partidos, ninguna variación significativa sobre el empate técnico previsto desde el inicio de la campaña. Pero hay algo en el ambiente. Incluso el escritor Petros Márkaris, veterano votante de izquierda, predecía el jueves que mucha gente iba a ‘taparse la nariz’ y votar por Nueva Democracia, pese a ser, junto con el Pasok, uno de los dos partidos que han llevado Grecia a la ruina, ‘porque el país no puede seguir viviendo sin Gobierno ni parlamento’.

El joven líder de Syriza, Alexis Tsipras, al que las anteriores elecciones sacaron de una posición marginal en la izquierda para convertirlo en máximo representante del progresismo griego, sigue mostrándose convencido de la victoria y seguro de poder echar un pulso a los acreedores europeos. La UE, el Banco Central y el FMI insisten en que dejarán de financiar a Grecia si no cumple con los recortes acordados en el segundo plan de rescate, y en las arcas griegas queda dinero para un mes.

Pero Tsipras cree que no se atreverán a expulsar a Grecia del euro, aunque un nuevo Gobierno de izquierda se niegue a seguir con la austeridad que está llevando al país a niveles de pobreza propios de una posguerra. ‘Si un país deja el euro, el euro se hunde. Y si no nos entregan el próximo tramo de los préstamos, el euro se hundirá en días’, declaró.