• Ciudad del Vaticano, Italia |
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  • AFP

El director general del Instituto para las Obras de Religión (IOR), mejor conocido como Banco del Vaticano, descartó este jueves la existencia de cuentas anónimas o secretas en un inédito encuentro con la prensa en la sede de la entidad.

"Queremos descorrer ese velo que desde el pasado cubre de sombras a la institución", aseguró Paolo Cipriani, director general del IOR, ante unos 55 periodistas de todo el mundo.

El IOR, con un patrimonio estimado de 6.000 millones de euros distribuidos en 33.000 cuentas corrientes y al que sólo los miembros del clero, de las órdenes religiosas, los diplomáticos y los asistentes del pontífice pueden acceder, se vio salpicado desde la década de los ochenta por varios escándalos.

"No es un banco realmente", explicó Cipriani, quien recordó que IOR no tiene relaciones de "reciprocidad" con otras entidades bancarias.

"Un banco italiano no puede abrir una cuenta en nuestra entidad", explicó.

El directivo aseguró también que "no existen códigos secretos" en el IOR y que el sistema informático lo impide.

Sólo el 5% del patrimonio de IOR se emplea para inversiones, las cuales "no tienen fines especulativos".

Cipriani aseguró que el IOR financia entidades de la Iglesia en 150 países, entre ellas escuelas, universidades, hospitales y programas para misioneros.

El Papa, "como soberano", es la autoridad suprema del IOR, igual que la Santa Sede, aunque "no tiene una cuenta", recordó Cipriani.

La entidad acaba de fijar los criterios profesionales y la experiencia que deberá tener su próximo presidente, quien sustituirá al destituido economista italiano Ettore Gotti Tedeschi, relevado del cargo el pasado 24 de mayo.

La destitución del banquero generó una oleada de controversia sobre la gestión del IOR, que aspira a ser admitido en julio en la lista de institutos de transparencia financiera del Consejo de Europa.

"Realizamos controles de 360 grados", aseguró Cipriani, quien recordó que el IOR adhiere a la ley antireciclaje desde abril para luchar contra el blanqueo de dinero.

"Toda transacción sospechosa debe ser señalada a la Autoridad de Información Financiera", creada por el Papa en 2010.