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Rusia volvió el martes a la carga contra Occidente con unas virulentas declaraciones del presidente Dimitri Medvedev, que aseguró que considera a su homólogo georgiano, Mijail Saakashvili, un "cadáver político" y que no teme una exclusión del G8 ni una ruptura con la OTAN.

El Kremlin ya no considera a Saakashvili como presidente georgiano, sino como un "cadáver político", declaró Medvedev en una entrevista concedida a periodistas italianos y retransmitida por la televisión rusa.

"Para nosotros, el régimen actual georgiano quebró. El presidente Saakashvili dejó de existir para nosotros", afirmó.

Esta fue la respuesta de Medvedev a la pregunta de un periodista sobre si Rusia participaría en la conferencia que el gobierno italiano quiere organizar en noviembre en Roma sobre el Cáucaso, y en la que participaría Saakashvili.

El presidente ruso aseguró asimismo que su país "no teme" una eventual "exclusión del G8" por la crisis con Georgia, en reacción a algunos llamados en ese sentido, que calificó de "tecnología electoral" estadounidense.

"Los llamados que se están escuchando, yo los atribuyo a la tecnología electoral estadounidense para hacer subir el índice de popularidad sobre un fondo de conflicto", declaró.

El candidato republicano a la Casa Blanca, John McCain, afirmó el domingo que Rusia se había convertido en una "autocracia" que debía ser excluida del G8, que reúne a los ocho países más industrializados del mundo (Alemania, Canadá, Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña, Italia, Japón y Rusia).

Tampoco resultaría "dramático" para Rusia una ruptura de las relaciones con la OTAN, que tendría "más" que perder que el Kremlin, dijo Medvedev.

No obstante, se mostró dispuesto a hablar con la comunidad internacional "de todo tipo de asuntos, incluido de una solución post-conflicto en la región" del Cáucaso.

"Pero nos gustaría que la comunidad internacional se acuerde de quién empezó la agresión y quién es el responsable de la muerte de personas", defendió, en alusión a la ofensiva georgiana en Osetia del Sur que provocó la intervención militar rusa en el país caucásico.

Estas declaraciones se producen después de que la Unión Europea lanzara el lunes una tibia advertencia a Moscú ante su injerencia política y militar en Georgia.

Los líderes de la UE, reunidos en cumbre extraordianaria, decidieron postergar las negociaciones sobre su acuerdo de cooperación reforzada con Rusia, mientras las tropas rusas sigan desplegadas en territorio georgiano más allá de sus posiciones anteriores al conflicto, que estalló el 8 de agosto.

Pero el hecho de que el bloque se abstuviera de aplicarle sanciones, fue interpretado por Rusia como una victoria.

"A Dios gracias, el sentido común triunfó", juzgó el primer ministro ruso, Vladimir Putin. "No vemos ninguna conclusión ni propuesta extrema" en la declaración final de la cumbre "y esto está muy bien", apostilló.

"Esencialmente", comentó el ministerio ruso de Relaciones Exteriores, los países que reclamaban sanciones contra Rusia "quedaron en minoría" y "una mayoría dio muestras de responsabilidad y confirmó su política de cooperación con Rusia".

En cuanto a los resultados concretos de la cumbre, es decir, el aplazamiento de las negociaciones del acuerdo de cooperación ampliada Rusia-UE, la cancillería se limitó a "lamentarlos".

"En los últimos dos años, Rusia se ha acostumbrado a los obstáculos artificiales" de estas negociaciones, según un comunicado.

Medvedev lamentó que la UE "no haya entendido totalmente" los motivos de la ofensiva rusa contra Georgia ni del reconocimiento de la independencia de Osetia del Sur y de Abjasia.

Saakashvili se felicitó por su parte de la decisión de los europeos, que calificó de "paso muy importante".