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El misal del centroamericano monseñor Arnulfo Romero, el arzobispo de San Salvador, conocido por la defensa de los pobres y asesinado hace 32 años mientras oficiaba misa, reposa en la sugestiva basílica romana de San Bartolomé junto con otras reliquias de cristianos víctimas de persecuciones y violencias.

En el corazón de la Ciudad Eterna, la renombrada iglesia de la isla Tiberina, edificada por el emperador Onorio III (hacia el 1200) para recordar al mártir Adalberto, evangelizador de Polonia y que murió martirizado en 977, se exhiben objetos de todo el mundo, divididos por continentes, para rendir homenaje a los perseguidos por razones de fe de todos los rincones del planeta.

Junto a la Biblia de un ministro pakistaní asesinado en el 2011, se pueden contemplar objetos de la guerra civil española y de la llamada guerra "cristiada", el conflicto entre católicos y laicos anticlericales del gobierno mexicano entre los años 1926-1929.

La mitra de monseñor Luigi Padovese, el religioso italiano asesinado en Turquía en 2010, testimonian como el misal de monseñor Oscar Romero, las persecuciones contra cristianos de los tiempos modernos.

En tres meses llegará la piedra a la que el carismático sacerdote polaco Jerzy Popieluszko, del movimiento Solidaridad, quien se oponía al régimen comunista polaco, fue atado y arrojado al fondo del mar en 1984 a los 37 años por sus críticas al sistema comunista y su defensa de las protestas.

Una cruz, un rosario, un cáliz, una sandalia, una carta, un proyectil, constituyen objetos de veneración y fueron prestados para la exposición por el obispo local, familiares o la comunidad a la que pertenecía.

"Esta iglesia es importante porque tiene un centenar de reliquias de mártires de Europa, de México, de Centroamérica y África. Para nosotros, que somos cristianos, se trata de una señal que nos indica que debemos ser testigos de Jesucristo", explicó a la AFP padre Andrzej, que lidera un grupo de peregrinos polacos.

"Actualidad diaria de la Iglesia"
"Los mártires forman parte de la vida diaria de la Iglesia. En Kenya, Nigeria, existen en todas partes. Hoy, ser cristiano quiere decir que hay que tomar en consideración la posibilidad de dar la vida por el Evangelio", comenta a la AFP padre Angelo Romano, párroco de la iglesia.

Las persecuciones contra la iglesia católica, condenadas regularmente por el papa Benedicto XVI, han obligado al exilio a miles de cristianos de Oriente Medio, de África, por lo que se teme un verdadero éxodo.

"La sangre de los mártires no se ha vertido en vano", sostiene padre Romano a un grupo de 30 iraquíes, vestidos a la occidental, quienes vinieron a Roma a orar ante la estola del sacerdote caldeo Raghid Ghani, asesinado en 2007 en Mosul (norte de Irak).

La antigua iglesia romana fue donada en 1993 por el papa Juan Pablo II a la comunidad de San Egidio, que la convirtió en un centro dedicado a la memoria de todas las confesiones: católicos, protestantes, ortodoxos y anglicanos.

Ante las reliquias de San Bartolomé y San Adalberto, emblemático "tesoro" del sufrido pasado de la Iglesia, se rinde homenaje a los creyentes de la era moderna que han pagado con la muerte.

En 1998, una comisión sobre "los nuevos mártires" recibió 12.500 informes, con lo que se develó una inmensa realidad: el siglo XX "tuvo más mártires que los otros", observó padre Romano.

En el siglo XXI, los conflictos en el mundo "siguen siendo una herida abierta", reconoció el sacerdote, que menciona el caso de la monja Leonella Sgorbati, asesinada en Somalia el 2006, cuyo conductor musulmán intentó salvarla protegiéndola con su cuerpo.

"Un emblema del amor entre cristianos y musulmanes", subraya el religioso.