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Una reciente mañana de lunes me encontraba en el spa Shizuka New York Day en el centro de la ciudad, para someterme al facial Geisha, cuyo ingrediente principal es excremento de ave.

El tratamiento, me dijo la esteticista Asako Nunose, se originó hace siglos, cuando las artistas japonesas se dañaban la piel con el alto nivel de plomo que contenía su maquillaje blanco. Como remedio, usaban una mascarilla hecha de excremento de ruiseñor que contenía enzimas que se decía acababan con las células muertas de la piel.

Para esta versión modernizada, de una hora de duración, que cuesta 180 dólares, se desinfecta el excremento bajo luz ultravioleta, luego se mezcla con salvado de arroz, que es un exfoliante y abrillantador. Debido a que el popó contiene el nucleobase guanina, supuestamente también abrillanta la piel.

Estaba tranquila mientras Nunose explicaba todo esto y aplicaba el polvo de popó, preparado en Japón y traído a Estados Unidos en avión.

Cuando se trata de combatir al envejecimiento, muchas de nosotras probamos cualquier cosa. “Aunque recurrir a ingredientes animales no es el concepto más nuevo, categóricamente saltó de la nada”, dijo Jeanine Recckio, del grupo Mirror Mirror Imagination, que pronostica las tendencias de belleza.

“Las consumidoras gravitan hacia su atractivo exótico o impactante”.

Algunas de estas consumidoras son famosas, como la duquesa de Cornwall y Gwyneth Paltrow, quienes, según se informa, probaron la mascarilla de veneno de abeja, creación de Deborah Mitchell, una especialista en belleza. Según los folletos promocionales, se dice que el veneno de abeja congela los músculos, creando un efecto parecido al del Botox. Y Mel Gibson reconoció haber usado sesos de vaca o selegilina, un ungüento amarillo y hediondo que, en otras formas, se utiliza para tratar la enfermedad de Parkinson y la depresión. En su caso, ha dicho que “limpia los neurotransmisores y agudiza la concentración mental”.

Según Karen Grant, la vicepresidenta y analista mundial de belleza en el grupo NPD Marketing, las marcas cosmecéuticas, que incluyen ingredientes biológicamente activos, como los derivados de animales, fueron el segmento de crecimiento más rápido del prestigioso mercado del cuidado de la piel en 2011.

Quizá se deba a que algunas personas que prueban ingredientes de alta tecnología, o, incluso, productos supuestamente naturales y orgánicos, se han decepcionado.

“La gente descubrió que orgánico no siempre significa orgánico, y que lo natural que se comercializa puede ser dañino para la piel”, explicó el doctor Joshua Zeichner, el director de investigación cosmética y clínica en el departamento de dermatología del Hospital Monte Sinaí en Nueva York. “Los extractos animales son una forma nueva de tratar la piel, en tanto se ofrece una nueva definición de natural”.

En los meses siguientes, criaturas como caracoles, abejas y lombrices avanzaran lentamente de la gran naturaleza hasta la piel humana.

Wrinkle Butter, con un complejo de lombriz de tierra, es una crema derivada del excremento de la lombriz que salió a la venta a finales de diciembre. Su presentación en el programa “The Doctors” incrementó las ventas, dijo Wayne Perry, el emprendedor que la inventó.

Y en mayo, después de que la crema facial de veneno de víbora sintético de Sonya Dakar se convirtió en gran éxito de ventas en 2009, Nate Dakar, el fundador original de la compañía, sacó a la venta la crema facial y para el cuerpo MicroVenom Daily Defense SPF 30. El producto contiene Syn-Ake, un veneno de víbora sintético que, según la etiqueta, ofrece resultados similares a los de la mascarilla de abeja de Mitchell. Y en junio Dermelect Cosmeceuticals introdujo su colección ME de esmaltes para uñas contra el envejecimiento, una extensión de su línea de tratamientos que se vende bien. Los seis esmaltes contienen ProSina, una proteína y péptido derivada de la lana de las ovejas neozelandesas, que, dice la compañía, se parece mucho a la proteína que se encuentra en las uñas.

Masqueology, una nueva línea para el cuidado de la piel a base de mascarillas, desarrollada en Corea del Sur, cuya mascarilla Cell Renewal contiene secreción de caracoles, llegó hace poco a Sephora.

Después de una semana de embadurnarme secreción de caracol y veneno de víbora y de abeja –fue algo más difícil comprometerse con la popó de lombriz– en la cara y el cuerpo, mis poros parecían un poco más pequeños, y la piel se sentía marginalmente más suave y humectada. No hubo la transformación visual que esperaba –todavía necesito Botox para las muchas arrugas en la frente–, pero tampoco me fugué.

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