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Los campos de cultivo aquí son cementerios de rastrojo: la grave sequía los ha dejado parduzcos, marchitos y muertos. Normalmente, un cultivo fallido como ese significa hambruna.

Luego llegan las cámaras de televisión y transmiten imágenes de niños famélicos directo a las salas de estar estadounidenses y europeas. Se apresuran los envíos de alimentos de emergencia a un costo enorme.

Sin embargo, hay una manera mejor, y se está desarrollando aquí en el Malawi rural, en el sur de África. En vez de enviar alimentos después del hecho, la agencia de ayuda de Estados Unidos, USAID, ha estado trabajando con campesinos locales para promover nuevos cultivos y métodos de manera que los agricultores no tengan que preocuparse de la hambruna en primer lugar.

Janas Kabudula es un campesino local cuyo cultivo de maíz se perdió por completo, y dijo que normalmente él y su familia ahora se estarían muriendo de hambre. Pero, con la ayuda de un programa de USAID, él y otros agricultores también plantaron chiles, un cultivo no tradicional que no necesita mucha lluvia.

“Otros cultivos se marchitan, los chiles sobreviven”, me dijo Kabudula. Lo que es más, cada saco de chiles vale lo que cinco sacos de maíz, así que él y otros aldeanos han podido vender los chiles y comprar los alimentos que necesitan.

“Si no fuera por los chiles”, dijo otro agricultor, Staford Phereni, “no tendríamos comida”.

El Presidente Barack Obama ha hecho de la agricultura el núcleo de sus programas de ayuda exterior con resultados mixtos. En el lado positivo, estas iniciativas son inteligentes, efectivas en costos y potencialmente transformadoras. En el lado negativo, son aburridas. En una época en que hay un vigoroso debate político en Estados Unidos sobre la ayuda exterior, el acercamiento a los campesinos africanos no cautiva al Congreso o al pueblo estadounidenses.

Pero aunque es aburrido, también está teniendo éxito. Estoy en mi recorrido anual de “gane un viaje” con un estudiante universitario – este año, es Jordan Schermerhorn de la Universidad de Rice – y hemos visto campos aquí que están siendo irrigados por primera vez, gracias a bombas operadas por pedales.

Algunos de los agricultores están yendo más allá de las bombas de pedales. Evelyn Kadzamira, una emprendedora descalza, mostró una bomba de gasolina de 110 dólares que compró con ayuda de los ahorros de su aldea y una asociación crediticia. Riega sus cultivos con ella y planea empezar a rentarla pronto a otros también.

USAID puede trabajar con apenas una minoría diminuta de campesinos. Pero las innovaciones agrícolas pueden ser virales, y así es como empezó Kadzamira.

“Vimos a otros irrigar el año pasado y tuvieron éxito, mientras que nosotros no irrigamos y pasamos hambre”, dijo. “Así que, este año, decidimos irrigar”.

El telón de fondo es que durante medio siglo la agricultura ha sido uno de los fracasos de África. La producción agrícola en África es de sólo un tercio del promedio global, y ha aumentado mucho más lentamente que en el resto del mundo. Como resultado, la participación de África en el comercio agrícola mundial ha caído de 8 por ciento en 1960 a alrededor de 3 por ciento actualmente, según el Instituto de Investigación de Política Alimentaria Internacional.

Sólo 3.5 por ciento de las tierras de cultivo africanas son irrigadas, comparado con 39 por ciento en el sur de Asia, según Naciones Unidas. Asia aplica casi 20 veces más fertilizantes que África. Y científicos botánicos han desarrollado pocas variedades de cultivo a la medida de África.

El resultado es que alrededor de 47 por ciento de los niños menores de cinco años en Malawi están poco desarrollados debido a la desnutrición.

Sin embargo, ahora hay signos de que la agricultura africana está destinada a aumentar, pese a las advertencias de los científicos sobre los cambios climáticos vinculados con las crecientes emisiones de carbono. Las mejoradas perspectivas reflejan los crecientes esfuerzos para colocar a la agricultura en el centro de los esfuerzos para combatir la pobreza.

Otro desafío para los agricultores ha sido el mal almacenamiento: Hasta 40 por ciento del cultivo de maíz se pierde después de la cosecha debido a los roedores, los insectos y la humedad. Así que CARE, el grupo de ayuda internacional, está demostrando a los campesinos como construir mini-silos – hechos de adobe y colocados sobre pilotes – que reducen el deterioro a alrededor de 5 por ciento.

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