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Puedo recordar malas campañas presidenciales en buenos tiempos y buenas campañas en tiempos malos, pero es difícil recordar una campaña peor en un peor momento. La campaña de Mitt Romney ha girado en torno a nada, y la del Presidente Barack Obama ha girado en torno a Romney. Estoy seguro de que los ataques de Obama contra la carrera de Romney en Bain Capital han perjudicado a Romney, pero también parecen haber perjudicado a Obama, desviándolo de ofrecer un gran mensaje optimista que diga: He aquí el mundo en que estamos viviendo; he aquí por qué mis políticas pasadas son relevantes; he aquí hacia dónde nos dirigimos ahora; y he aquí por qué funcionará. El presidente está golpeando muy por debajo de su peso. Es como ver a Tiger Woods jugando en un golfito o Babe Ruth dando batazos débiles. Obama puede hacerlo mejor que esto.

En su entrevista con Charlie Rose para CBS News el 15 de julio, Obama reconoció que uno de los mayores errores de su primer mandato “fue pensar que este trabajo se trataba de conseguir la política correcta. . esto es importante. Pero la naturaleza de este puesto es también contar al pueblo estadounidense una historia que les dé un sensación de unidad, propósito y optimismo, especialmente durante los tiempos difíciles”.

Yo estaría de acuerdo. Viendo en retrospectiva, siempre sentí que la nominación de Obama era un acto radical enormemente importante; la culminación del movimiento de derechos civiles. Pero su elección se dio porque una mayoría de los estadounidenses pensaba que él era el mejor hombre para hacer algo más: revivir, renovar y reconstruir a Estados Unidos para el siglo XXI. Sin embargo, sistemáticamente nunca se ha explicado en esos términos.

Sus políticas – como atención médica, ahorros en la industria automovilística, elevar los estándares de kilometraje y Competir hasta la Cima en educación – fueron iniciativas discretas en la dirección correcta, pero cada una fue combatida por separado, a menudo en los baños del Congreso, y nunca se sintetizaron en un todo que los votantes pudieran apreciar en su totalidad o con el cual se sintieran inspirados para abandonar sus sillas y apoyarlo. Su campaña actualmente es la misma.

¿Hay un conjunto integrado de políticas, narrativa, que pudiera animar, inspirar y unir un segundo mandato de Obama? Pienso que sí. (Primero exploré este tema en un libro reciente que escribí junto con Michael Mandelbaum.) Y es éste: Estados Unidos debería ser para el mundo del siglo XXI lo que Cabo Cañaveral fuer para Estados Unidos en los años 60.

Cabo Cañaveral fue la plataforma de lanzamiento de nuestro primer disparo nacional a la luna. Fue un proyecto enormemente inspirador que impulsó la investigación científica, la innovación, la educación y la manufactura. Pero no vamos a tener un disparo nacional a la luna de nuevo.

En vez de ello, Obama debería inspirar a hacer de Estados Unidos la plataforma de lanzamiento donde todos en todas partes debieran querer llegar a hacer su primer disparo propio a la luna, su propia empresa incipiente, su propio movimiento social. No podemos estimular o lograr el crecimiento a través de recortes de impuestos. Debemos inventar nuestro camino para llegar ahí.

La mayoría de los nuevos empleos cada año son creados por empresas incipientes. Los días en que Ford o GE llegaban a una ciudad con 10,000 empleos han terminado. Sus fábricas están mucho más automatizadas actualmente, y sus productos son hechos en cadenas de suministro globales. Más bien, necesitamos 2,000 personas en cada ciudad que inicien algo que emplee a cinco personas.

¡Necesitamos que todos inicien algo! Por tanto, deberíamos a aspirar a ser la mejor plataforma de lanzamiento del mundo porque nuestra fuerza laboral es demasiado productiva; nuestros mercados son los más libres y de más confianza; nuestra infraestructura y amplitud de banda de Internet son las más avanzadas; nuestra apertura al talento extranjero no envidia a ninguna; nuestro financiamiento para investigación básica es el más generoso; nuestro régimen de derecho, protección de patentes y código fiscal amigable con la inversión son la envidia del mundo; nuestro sistema educativo no tiene rival; nuestra moneda y tasas de interés son las más estables; nuestros ambiente es el más prístino; nuestro sistema de salud es el más eficiente; y nuestros suministros de energía son los más seguros, limpios y efectivos en costos.

No, no somos todas esas cosas actualmente; pero convertir a Estados Unidos en esta plataforma de lanzamiento para más empresas incipientes es precisamente en lo que debería centrarse el segundo mandato de Obama, de manera que más estadounidenses puedan prosperar en un mundo que inventamos.

Si podemos hacer de Estados Unidos el mejor lugar para soñar algo, diseñar algo, iniciar algo, colaborar con otros en algo y fabricar algo – en una era en que cada eslabón en esa cadena puede ser hecho ahora en tantos lugares más – nuestros trabajadores e innovadores se desempeñarán bien.

Pero una narrativa no es un plan de negocios. Tiene que estar imbuido de valores, y, en nuestro caso, el más obvio es “sustentabilidad”, lo cual no simplemente significa “verde” o “nada de crecimiento”. Significa comportarse responsablemente en el mercado y con la Madre Naturaleza de manera que podamos tener un crecimiento que dure. Lo que “libertad” fue para la generación de nuestros padres, lo debe ser “sustentabilidad” para la nuestra.

Si no acompañamos de valores sustentables a nuestros sistemas bancarios y ecosistemas, vamos a terminar más “sin libertad” que si los comunistas hubieran ganado la Guerra Fría; porque sin prácticas sustentables, las crisis repetidas en el mercado y la Madre Naturaleza impondrán más limitaciones a nuestra forma de vida que cualquier cosa que los soviéticos hubieran podido imponer jamás.

Si se entreteje, tenemos una narrativa digna de Estados Unidos en el siglo XXI, una que una al nuevo mundo en el cual estamos viviendo con nuestras fortalezas tradicionales y un conjunto de políticas para realzarlas. Otros tendrá ideas diferentes. ¡Incorporémoslas! Las campañas son momento para las discusiones; pero las discusiones sobre las cosas correctas.