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  • AFP

El Tribunal Supremo Federal inició ayer jueves un histórico juicio contra 38 acusados en un escándalo de corrupción política en Brasil, que enlodó al partido de izquierda en el poder e hizo tambalear al Gobierno del (ex) presidente Luiz Inacio Lula da Silva.

La Corte determinará en las siguientes semanas la responsabilidad de los ahora exministros, exdiputados y empresarios, en una red de compra de votos en el Congreso, orquestada entre 2002 y 2005, según la Fiscalía, y que involucró a dirigentes históricos del PT, el Partido de los Trabajadores que gobierna Brasil desde hace casi diez años.

El presidente del Supremo, Ayres Britto, abrió la audiencia pública leyendo los nombres de los acusados y reconociendo la competencia del Tribunal para juzgarlos, pese a que la mayoría no cuenta con fuero especial.

“No se acoge la moción de orden” que cuestiona la competencia del “Supremo en cuanto al proceso de juzgamiento de los que carecen de mandato parlamentario”, señaló Britto.

Conocido como el “mensalao” --mesada que supuestamente recibían los parlamentarios por su apoyo al Gobierno, el caso empezó a ser investigado siete años atrás y es el más importante jamás juzgado por el máximo tribunal.

Los 38 acusados --todos libres-- deberán responder por un sofisticado plan para comprar apoyos en el Congreso bajo el primer gobierno de Lula (2003-2006) y saldar cuentas de la campaña electoral de 2002 que lo llevó al poder, según la acusación que examinarán los 11 magistrados.

Numerosos cargos

Los sospechosos, ninguno de los cuales estuvo presente en el comienzo de su juicio, son acusados de asociación para delinquir, peculado, lavado de dinero, corrupción y fraude, delitos por los que podrían ser condenados a penas de hasta 45 años de prisión.

“No hubo compra de votos en el Congreso, tampoco hubo pago --ni mensual ni de cualquier título-- a parlamentarios para votar a favor del Gobierno”, dijo el PT en un comunicado previo al juicio.

Fundador y líder del PT, Lula fue excluido de la causa penal y negó siempre conocer la existencia de dicho esquema, se declaró traicionado y ofreció disculpas públicas en la época.

Lula logró sobreponerse al escándalo y fue reelegido por un segundo período consecutivo que se extendió hasta diciembre de 2010. Su heredera política, Dilma Rousseff, lo sucedió en el poder.

No obstante, el expresidente de 66 años --que se recupera de un cáncer de laringe diagnosticado el año pasado-- volverá a estar en primera plana por las eventuales vinculaciones que puedan surgir a lo largo del proceso, que podría incluso incidir en las elecciones municipales de octubre.

Lula dijo este jueves que no acompañará el proceso porque tiene “otras cosas que hacer”. “Los que tienen que estar son los abogados”, declaró a la prensa tras recibir un homenaje en Sao Paulo.

El juicio implica a dirigentes de larga data del PT, incluidos tres exministros: José Dirceu (de la Presidencia), Luiz Gushiken (de Comunicación) y Anderson Adauto (de Transportes), y casi una docena de excongresistas de cuatro partidos que conformaron la base aliada de Lula.