•   Narathiwat, Tailandia  |
  •  |
  •  |
  • elnuevodiario.com.ni

A medida que las provincias plagadas de violencia del sur de Tailandia continúan luchando con una insurgencia misteriosa, la intranquila región combate a un nuevo enemigo: Un coctel de drogas hecho con una hoja local que está seduciendo a los jóvenes.

La droga, kratom, es mucho menos debilitante que las metanfetaminas y la heroína que se trafican por el área. Pero su uso desenfrenado es suficiente problema para captar la atención del gobierno tailandés, y conducir a intensificados intentos de detener el tráfico.

“Es una epidemia”, dijo Srisompob Jitpiromsri, el decano asociado de la Universidad Príncipe de Songkla en la ciudad sureña de Pattani. “El uso de kratom se ha extendido por todas partes”.

El kratom es un árbol que crece en abundancia en las selvas tropicales aquí en el sur. Mascar las hojas de venas rojas del árbol, que es de la misma familia que el árbol de café, era hasta recientemente una tradición en proceso de desaparecer entre los agricultores y los recolectores de caucho que buscaban un impulso de energía y resistencia bajo el sol opresivo.

Pero la extendida popularidad del coctel narcótico mucho más fuerte – hecho típicamente hirviendo las hojas y añadiendo jarabe para la tos, Coca-Cola y hielo – ha creado un significativo aumento en la demanda de la hoja. Los jóvenes se introducen en los bosques protegidos y sacan de contrabando sacos de arpilla rellenos de las hojas con forma de plumas.

La demanda también parece verse impulsada en parte por el estigma contra el alcohol entre los musulmanes que son una mayoría en la región.

“La gente mayor no se enoja si uno hierve hojas de kratom porque se le considera medicina”, dijo un usuario de 26 años de edad que quiso ser identificado sólo por su apodo, Mung.

El problema, dicen las autoridades, es que el coctel produce en los usuarios un sopor aletargado, y contribuye a una mayor sensación entre los aldeanos de que las drogas son un azote para un área ya inmersa en la pobreza.

“El uso de drogas y la pobreza siempre están al inicio de la lista de los problemas más graves”, dijo Srisompob. “La insurgencia es el tercero”.

Su sondeo más reciente sobre el uso del kratom, uno en una serie hechos a nombre de la Oficina del Consejo de Control de Narcóticos de Tailandia, fue llevado a cabo este año entre mil adolescentes en las tres provincias con problemas a lo largo de la frontera con Malasia, y encontró que 94 por ciento de los encuestados usó la droga.

La droga, que es principalmente usada en las tres provincias, es accesible para los adolescentes aquí en parte porque es barata; 20 hojas, suficiente para crear un coctel de kratom para varias personas, cuestan el equivalente de 3 dólares.

Las colinas forestadas y largas playas de arena de las provincias más al sur de Tailandia están entre los paisajes más hermosos del país. Pero el encanto de los acantilados de piedra caliza y los arrozales se ve manchado por la desconfianza profundamente arraigada entre los musulmanes y el estado tailandés; y la violencia que es avivada por un complejo choque de etnicidad, religión y resentimiento histórico.

Algunos funcionarios tailandeses trazaron vínculos entre el tráfico de drogas, incluido el kratom, y la insurgencia. La frontera entre Tailandia y Malasia está a lo largo de una importante ruta de tráfico de metanfetaminas y heroína que se origina en Myanmar.

Sin embargo, los nexos entre las drogas y la insurgencia que ha matado a más de 5,000 personas desde 2004, son refutados por muchos expertos y funcionarios del orden público.

El teniente general Choti Chavalviwat, comandante policial en la provincia de Narathiwat, dijo que si hay un lazo entre las drogas y la insurgencia, es débil.

“La religión, la historia y la etnicidad impulsan la insurgencia”, dijo.

Hace varios años, los funcionarios antidrogas tailandeses intentaron cuantificar el vínculo entre las drogas y la insurgencia, dijo Srisompob. Compararon una lista de unas 9,000 personas que habían pasado por programas de rehabilitación de drogas con 8,000 sospechosos de estar involucrados en la insurgencia.

“El resultado fue que alrededor de 2 ó 3 por ciento de las listas se traslapaba”, dijo.

Hasta ahora, los esfuerzos para frenar el flujo del kratom se han quedado cortos porque, dicen las autoridades locales, las multas a los infractores son demasiado indulgentes.

Las autoridades han ordenado la tala de los árboles, pero los guardias del bosque están mostrándose reacios.

Narong Kaewsen, un guardabosques en la reserva de Satun, dijo que destruir los árboles, que se extienden por unas 12 hectáreas, requeriría grandes cantidades de herbicidas.

Por ahora, Narong y otros funcionarios locales están tratando de impedir el tráfico de kratom interceptando a los jóvenes que merodean por los bosques, a menudo de noche, en busca de las hojas.