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La alegría contenida del régimen iraní por la presencia en Teherán del presidente egipcio, Mohamed Morsi, y del secretario general de Naciones Unidas, Ban Ki-moon, junto a una treintena de jefes de Estado y de Gobierno, se tornó el jueves en un nada disimulado disgusto en la Cumbre del Movimiento de los Países No Alineados.

Las duras palabras del mandatario islamista de Egipto --fortalecido por la legitimidad que le concede haber ganado las primeras elecciones democráticas de su país y haber reducido drásticamente el papel de las todopoderosas Fuerzas Armadas-- enfurecieron a la delegación siria que terminó por abandonar la sala, según la agencia oficial egipcia Mena.

Morsi calificó de “obligación ética” apoyar al pueblo sirio en su lucha contra el “régimen represivo” de El Asad. Pronunció estas palabras sentado junto al presidente iraní, Mahmud Ahmadineyad, principal aliado regional del régimen sirio.

“Frenar el derramamiento de sangre en Siria es una responsabilidad de todos, y debemos saber que no puede ser detenido sin una injerencia efectiva... (de todos nosotros)”, afirmó el Presidente egipcio, el primero que visita Irán desde que ambos países rompieran sus relaciones diplomáticas hace tres décadas.

Hasta ahora Morsi no había tomado partido a favor de ninguna de las partes involucradas en la crisis siria, pero acudió a Teherán decidido a demostrarles a sus vecinos, que Egipto vuelve a ser una potencia regional en la era posMubarak. Y lo hizo proponiendo un Plan de Paz por el cual las cuatro potencias de la región: Irán, Turquía, Arabia Saudí y el propio Egipto convoquen a una conferencia en que las partes en conflicto --el régimen y los rebeldes-- puedan acabar comprometiéndose, como primer paso a una tregua de tres meses.

Durante ese plazo, los diplomáticos de las cuatro potencias regionales podrían desplegar su mediación ante sus interlocutores en Siria para tratar de desactivar la bomba de relojería en la que se ha convertido la guerra civil siria, 17 meses después del estallido de la rebelión.

Ban Ki-moon también endureció mensaje

Pero Morsi no fue el único dirigente que desafió al Presidente iraní en el primer día de la Cumbre del Movimiento de los Países No Alineados. El Secretario general de Naciones Unidas también endureció su discurso respecto al que pronunció el día anterior, en el que le pidió al líder de la Revolución Islámica, el ayatolá Alí Jamenei, pruebas de que el programa nuclear de su país solo tiene fines pacíficos.

Ban Ki-moon exigió “transparencia” al régimen iraní y que cumpla plenamente con las resoluciones aprobadas por el Consejo de Seguridad de la ONU sobre sus planes atómicos con el objetivo de evitar que la situación actual derive “en una guerra”.

Sin embargo, su discurso se endureció cuando lamentó los “comentarios ultrajantes” de algunos líderes iraníes que han negado en repetidas ocasiones el holocausto y han expresado su deseo de borrar del mapa a Israel.

El Estado judío tampoco se salvó de las críticas de Ban Ki-moon, quien instó a los dirigentes de “todas las partes” a que “pongan fin a las amenazas provocadoras”, ya que pueden “degenerar rápidamente en una espiral de violencia”.

El secretario general de la ONU aludía así a las constantes amenazas de Israel de lanzar un ataque preventivo contra las instalaciones nucleares de Irán.

Por su parte, el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, que ha sido muy crítico con la presencia de Ban Ki-moon en la Cumbre del Movimiento de Países no Alineados, calificó de “desgracia para la humanidad” la celebración del cónclave global, que reúne durante dos días en la capital iraní a representantes de 120 países.

El llamado grupo de los No Alineados, encabezado por países como India, Egipto, Indonesia o Argelia, surge en pleno periodo de la Guerra Fría entre EU y la antigua Unión Soviética, como teórica vía diplomática alternativa para las naciones que acababan de alcanzar la independencia. Tras la desaparición de la URSS, el Movimiento no ha dejado de languidecer.

Todo apunta ahora a que Irán utilizará la presidencia rotatoria de los No Alineados -que ejercerá durante los próximos tres años- para intentar proyectar al mundo una imagen de país defensor de la paz.

Alí Jamenei parece haber empezado a asumir ya esa función. “Irán no buscará jamás el arma atómica”, dijo en la sesión inaugural de la Cumbre, y tildó de “pecado imperdonable” la fabricación y uso de bombas nucleares, también reivindicó “el derecho del pueblo iraní a utilizar la energía nuclear con fines pacíficos”.

 

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