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El Papa Benedicto XVI saludó este sábado por primera vez el "coraje" de los jóvenes sirios y exhortó a los pueblos de Medio Oriente a "decir no a la venganza" y a la violencia en una región ensangrentada.

En el segundo día de su primera visita a Líbano, el Sumo Pontífice pidió por la coexistencia entre musulmanes y cristianos, exhortando a los jóvenes cristianos a no emigrar y a que vivan su fe en su país.

"Entre nosotros hay jóvenes provenientes de Siria. (A ellos) quiero decirles cuanto admiro su coraje", dijo el Papa en su discurso en un encuentro con unos 15,000 jóvenes cristianos en la sede del patriarcado maronita de Bkerke, al norte de Beirut.

"Digan a sus familias y a sus amigos que el Papa no los olvida. Digan que el Papa está triste a causa de vuestros sufrimientos y vuestro dolor. Que no olvida a Siria en sus oraciones y en sus preocupaciones", agregó en una declaración sin precedentes.

El Papa tampoco "olvida a los que sufren en Medio Oriente. Es tiempo que musulmanes y cristianos se unan para poner fin a la violencia y a las guerras", señaló.

"Es un lindo mensaje pero quisiéramos que no sean únicamente palabras sino también actos para detener la violencia", declaró Jacqueline Saade, una siria de 25 años.

En una atmósfera alegre en donde se alternaban cantos y danzas religiosas, el Sumo Pontífice parecía visiblemente alegre en medio de jóvenes con gorros blancos en los que estaba escrita la frase del Papa "les doy mi paz".

Dirigiéndose a los jóvenes cristianos y musulmanes reunidos en la explanada, el Papa dijo: "el conjunto de Medio Oriente tiene que, al mirarlos, comprender que los musulmanes y los cristianos, que el islam y la cristiandad, pueden vivir juntos sin odio y en el respeto de las creencias de cada uno para construir juntos una sociedad libre y humana".

Luego, exhortó a los jóvenes libaneses cristianos a no emigrar de su país, que en los últimos 25 años vio partir regularmente a sus nacionales. Más de 9 millones de libaneses o de origen libanés viven en el extranjero mientras que en El Líbano son unos 4 millones de habitantes.

"Incluso el desempleo y la precariedad no deben incitarlos a probar la miel amarga de la emigración, con el desarraigo y la separación para un futuro incierto. Tienen que ser actores del futuro de su país y cumplir un rol en la sociedad y en la Iglesia", dijo.

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