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Georgia consolidó el martes su democracia cuando el presidente Mijeíl Saakashvili reconoció la derrota electoral de su partido, el Movimiento Nacional Unido, MNU, ante la coalición El Sueño Georgiano, dirigida por el multimillonario Bidzina Ivanishvili.

Saakashvili llegó al poder en 2004, tras haber protagonizado la Revolución de las Rosas en otoño de 2003. Su segundo mandato presidencial finaliza en 2013, cuando será elegido un nuevo presidente y entra en vigor un nuevo sistema político parlamentario, que reforzará los poderes del jefe de Gobierno.

El Sueño Georgiano iba a la cabeza con 54.1% de los votos, seguido del MNU, con 41.03% cuando se había efectuado casi la mitad del escrutinio, según informó la Comisión Electoral de Georgia. El 61% del electorado acudió a las urnas, que deben determinar la composición del Parlamento de 150 diputados.

La campaña entre las dos fuerzas principales enfrentadas fue muy tensa, y dos semanas antes de la cita electoral se difundieron unos vídeos en los que se mostraba cómo los funcionarios de prisiones vejaban y maltrataban a los detenidos.

El Gobierno reaccionó con ceses y detenciones, pero la opinión pública quedó muy impresionada.

Ivanishvili, que podrá convertirse en el jefe de Gobierno con los votos de su mayoría parlamentaria, confirmó la política europeísta y proatlantista de Georgia. “La estrategia de Georgia no cambia y Georgia mantendrá el rumbo que ha elegido el pueblo georgiano hacia la UE y, desde el punto de vista de la seguridad, hacia la OTAN”, dijo.

El multimillonario, que hizo su fortuna en Rusia, subrayó la necesidad de regularizar las relaciones con este país, aunque admitió que no será fácil.

Según Ivanishvili, Georgia debe ser aceptable, tanto para sus vecinos como para Estados Unidos, país al que denominó “nuestro socio estratégico”. El político atribuyó los problemas ruso-georgianos a las ambiciones de Saakashvili.

En Osetia del Sur y Abjazia, los territorios independentistas reconocidos por Moscú, las primeras reacciones informales ante el triunfo de Ivanishvili fueron cautas y sugerían que los intereses secesionistas pueden estar más seguros en un clima de tensión entre Georgia y Rusia que si los dirigentes de ambos países tienen buenas relaciones.