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Siria acusó ayer a su vecino turco, favorable a los rebeldes, de adoptar un comportamiento cada vez más hostil luego de que Turquía interceptara un avión de línea que transportaba, según Ankara, municiones rusas para Damasco.

En el terreno los rebeldes cortaron la carretera que une las dos principales ciudades del país, Damasco y Alepo, tomando el control de una porción de casi 5 km de este estratégico eje.

Las relaciones entre Turquía -país mayoritariamente sunita y dirigido por un gobierno islamista conservador- y Siria -gobernada por una minoría alauita (rama del chiismo)- desmejoraron desde que comenzó la revuelta contra el régimen de Bashar al Asad en marzo de 2011.

Desde que murieron cinco civiles turcos el 3 de octubre por disparos sirios en la frontera entre los dos países, las relaciones de estos dos exaliados empeoraron hasta el punto de que Turquía decidió interceptar el miércoles por la noche un avión de línea sirio que volaba de Moscú a Damasco.

Una fuente de los servicios de exportación de armas rusas afirmó, sin embargo, el jueves a la agencia Interfax que no había “ni armas ni componentes para armamentos a bordo del aparato”.

Saldo de ayer: 97 muertos

La violencia dejó ayer 97 muertos, de los cuales 37 civiles, 36 soldados y 24 rebeldes, según el OSDH. Según este organismo más de 32,000 personas murieron en Siria desde que comenzaron las protestas. Estas cifras son imposibles de verificar con una fuente independiente.

Ayer, una fuerte explosión se registró frente a la sede del Tribunal Militar de Damasco, situado en el barrio de Mezze, aunque no hubo reportes de víctimas, según los grupos de la oposición siria.

Mientras tanto, Estados Unidos manifestó su apoyo a Turquía al surgir nuevas tensiones con el aliado principal de Siria, Rusia, cuando Ankara forzó a un avión de pasajeros sirio proveniente de Moscú a aterrizar para una inspección.