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Tras medio siglo de conflicto armado, el Gobierno de Colombia y la guerrilla FARC comenzarán el lunes un histórico proceso de paz, con la instalación en Noruega de una mesa de diálogo, aunque sin detener los enfrentamientos en su propio territorio.

Delegados del Gobierno del presidente Juan Manuel Santos y de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, FARC, se reunirán primero en Noruega y luego en Cuba, los dos países garantes de este proceso que de manera unánime respalda la comunidad internacional.

Poner fin al prolongado conflicto armado de Colombia es la prioridad del Gobierno. “Mi Gobierno ha tomado la determinación de avanzar con prudencia, con seriedad, con firmeza y sin repetir los errores del pasado, en conversaciones con la guerrilla”, dijo Santos en la reciente Asamblea General de la ONU en Nueva York.

Cierto optimismo

Cuarta vez que se lanza un proceso de paz con las FARC, estas conversaciones que están previstas para arrancar el 15 de octubre en Noruega y con una primera conferencia de prensa dos días después, se anuncian con mejores perspectivas que las anteriores experiencias, pese a que no se contempla aún el cese de hostilidades.

“La opinión pública en general y los diferentes sectores políticos y sociales coinciden en expresar cierto optimismo por el inicio del proceso de paz”, comentó a la AFP, María Clemencia Castro, directora del Observatorio para el Desarme, de la Universidad Nacional de Colombia.

“Las guerrillas han asimilado la imposibilidad de la victoria militar y el Estado se ha mostrado dispuesto a dar una salida al conflicto a través de la solución política”, añadió.

Desde que asumió la Presidencia en 2010, Santos prepara el terreno para un acuerdo mediante diversos mecanismos, entre estos una ley de restitución de tierras y reparación a víctimas, un punto clave para las FARC que surgieron como guerrilla de una insurrección campesina en los años 1960.

Marco jurídico pero con presión

También aprobó este año en el Congreso un “marco jurídico para la paz”, que contempla la posibilidad de suspensión de penas a los jefes guerrilleros y su incorporación a la actividad política legal.

Pero, a la vez, Santos mantuvo la presión militar, lo que llevó a la muerte en sendos bombardeos de sus dos principales comandantes, Jorge Briceño, en 2010, y Alfonso Cano, en 2011.

Timoleón Jiménez, comandante máximo de las FARC desde la muerte de Cano, impulsó este año un cambio de estrategia de la guerrilla y anunció que cesaba el secuestro de civiles, una de las principales exigencias de Santos antes de emprender un diálogo.

La agenda de este diálogo incluye cinco puntos, el primero de ellos el desarrollo rural. También abordarán el espinoso asunto de la participación de la guerrilla en la producción y tráfico de drogas en Colombia, el primer productor mundial de cocaína.

Las autoridades deberán, además, encontrar una solución a la participación política de los guerrilleros que se pacifiquen y opciones para la suspensión de las penas de cárcel.

Según una encuesta reciente, más de dos terceras partes de los colombianos se muestran favorables a que se solucione un conflicto que ha dejado cientos de miles de víctimas y que cada año se cobra dos puntos del Producto Interno Bruto.