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El despacho del ex presidente socialista chileno Salvador Allende y un salón contiguo donde murió en medio del golpe militar encabezado por Augusto Pinochet fueron restaurados y abiertos al público ayer jueves, al conmemorarse el 35 aniversario del alzamiento militar que terminó con su gobierno.

Se intentó asemejar lo más posible a la sobria oficina que Allende utilizó los 1,000 días que alcanzó a estar en el gobierno y el salón contiguo que usaba para recibir a sus visitas y donde el 11 de septiembre de 1973, cercado por las fuerzas golpistas, cayó muerto tras dispararse en la barbilla.

No fue una tarea fácil. Gran parte del señorial edificio y el mobiliario fueron destruidos por el bombardeo aéreo y terrestre de aquel martes, cuando terminó el intento de instaurar la ‘vía chilena al socialismo’.

En los 17 años de dictadura que siguieron se intentó, además, borrar todo vestigio del paso de Allende por el palacio, levantando y botando muros de grueso concreto, junto con cambiar la ubicación espacial de todo el edificio, trastocando los planos originales.

Estaba olvidado
Sólo en 2003, cuando se conmemoraron 30 años del golpe militar, fue reabierta la simbólica puerta de la calle Moradé 80, por donde solían transitar Allende y todos los demás mandatarios que lo antecedieron, pero que fue cerrada por Pinochet.

En su lugar, la dictadura instaló una gran ventana, mientras que las oficinas que utilizaba Allende quedaron relegadas en un lugar olvidado del palacio, donde hasta hace poco funcionaron las dependencias de las áreas sociales de las primeras damas.

Los dos salones fueron inaugurados este jueves por la presidenta Michelle Bachelet junto a dos de las hijas de Allende, Isabel y Carmen Paz, y una de sus nietas, Maya, en el acto central de conmemoración de los 35 años del golpe de Estado.

“Estoy cierta de que este espacio se transformará en un lugar de encuentro y de reflexión para los chilenos (...) que visitarán este lugar y aprenderán aquí la lección histórica que nos dejó Allende”, señaló Bachelet.

La restauración del espacio, agregó la mandataria, constituye la culminación de un largo y difícil esfuerzo.

“Tras la devastación de La Moneda se procuró borrar todo vestigio de la presencia en ella del presidente Allende y de la épica resistencia que opusiera en defensa de sus convicciones, de la legalidad republicana y de la dignidad de la nación”, señaló. “Y hubo que recuperar la democracia y luego esperar a que ésta se asentara, para poder comenzar a restablecer esa memoria que se había pretendido cerrar literalmente a cal y canto”, agregó la mandataria.

Una réplica del teléfono y el tintero que utilizaba Allende son casi los únicos adornos que sobresalen del despacho, que luce el escritorio original donde, por ejemplo, firmó la nacionalización del cobre, su obra más recordada. También permanecen dos sitiales de época originales de color rojo intenso y dos muebles laterales, uno de los cuales sostiene réplicas de las dos únicas fotos que Allende tenía en su despacho: una con sus tres hijas y otra junto a uno de sus grandes amigos, el Premio Nobel de Literatura chileno Pablo Neruda.

En el salón contiguo Allende solía recibir a sus visitas, y en uno de sus balcones se captó su última fotografía con vida, cuando ya con el alzamiento militar caminando saludó a tres muchachos que cruzaban la calle.

Sólo horas después, cercado por las fuerzas golpistas, Allende se replegó en este lugar y se quitó la vida tras dispararse con un fusil que le regaló su amigo el líder cubano Fidel Castro.