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Durante el debate final, ambos candidatos presidenciales reconocieron la importancia crucial de Asia para los intereses de Estados Unidos. El gobierno de Obama ofreció su “eje central asiático” como una historia de éxito en política exterior. Mitt Romney quiso una Armada mayor para mantener creíbles y vigorosos los compromisos de Estados Unidos en la región. Según el secretario de Defensa, Leon Panetta, 60 por ciento de los barcos de guerra de la Armada se ubicarán en el Pacífico para 2020. Pero ni una vez alguno habló sobre lo que esos barcos iban a hacer cuando estuvieran ahí.

El debate de política exterior dedicó menos de 15 de sus 90 minutos a Asia, una región con las tasas de crecimiento económico más rápidas del mundo y con más de la mitad de la población mundial. El único país que recibió más que una mención efímera fue China, e incluso China fue discutida solo en términos económicos.

Lo que no alcanzó en la agenda

Cómo manejar la relación de seguridad entre los dos países con los presupuestos militares más grandes del mundo no se mencionó, como tampoco la estrategia más amplia de Estados Unidos en una región vital para los intereses de seguridad estadounidenses; una donde el próximo presidente tendrá que tomar una serie de decisiones difíciles y bien podría enfrentar múltiples crisis de política exterior.

No se discutió la política estadounidense sobre la península de Corea, donde 28,500 fuerzas estadounidenses montan guardia en una guerra que no ha terminado, y donde sus aliados este fin de semana desalojaron a los residentes a lo largo de la Zona Desmilitarizada, después de que Corea del Norte amenazó con responder con fuego de artillería al lanzamiento de globos por parte de un grupo activista.

No se discutió el recientemente anunciado plan de rotar más aviones, barcos y personal estadounidense a través de Filipinas, que en abril envió a un guardacostas de fabricación estadounidense a enfrentar a China en aguas disputadas, y luego sugirió que Estados Unidos estaba obligado a auxiliarle en esa confrontación según los términos de un Tratado de Defensa Mutua de 1951.

¿Y la "Batalla aire-mar"?

No se discutió sobre Taiwan, que pidió a Estados Unidos más de 60 nuevos F-16 Falcons y el año pasado recibió en su lugar una modernización de US$5,800 millones de sus aviones antiguos; una decisión que la prensa china oficial llamó “una vil violación de la confianza”. Ni se mencionó el concepto estadounidense de la “Batalla Aire-Mar”, que se percibe generalmente como una plantilla para el conflicto futuro con China.

No se discutió si el compromiso de Estados Unidos con quienes demandan democracia y respeto de los derechos humanos --un compromiso que ambos candidatos afirmaron-- puede o debería extenderse más allá de Túnez y Egipto al Tíbet, donde más de 50 personas se han inmolado sin producir el cambio político que una sola autoinmolación causó en el mundo árabe.

Hoy, la atención del mundo está concentrada en las crisis en Medio Oriente. Los puntos álgidos de mañana están en Asia. Desafortunadamente, el debate del lunes hizo poco por aclarar cómo cada candidato manejaría una llamada telefónica a las 3 de la mañana que provenga no de Bengasi, sino de Pekín.

 

* Candidata a doctorado en Administración Pública en Harvard y miembro del Instituto de la Paz de Estados Unidos y del Centro Miller de la Universidad de Virginia.