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  • AFP

El magnate de las comunicaciones y ex primer ministro Silvio Berlusconi, de 76 años, renunció este miércoles a presentarse como candidato en las elecciones del 2013 como jefe de gobierno de Italia, cargo que ocupó durante casi 10 diez años y de donde sedujo y dividió a los italianos.

“Tengo aún buenos músculos y un poco de cabeza, pero lo que me corresponde ahora es dar consejos, ofrecer memoria, contar y juzgar sin intrusismos”, escribió el líder conservador al anunciar el retiro de su candidatura a la jefatura de gobierno.

Una de las figuras más controvertidas y a la vez carismáticas de Italia, al concentrar un enorme poder económico y político, fue tres veces primer ministro y protagonizó inéditos escándalos sexuales, judiciales y clamorosas metidas de pata internacionales.

La caída del multimillonario

El primer ministro conservador, quien estuvo en el poder desde 2001 con una interrupción de dos años de 2006 a 2008, irrumpió en la política en 1993 como el rostro nuevo, tras los escándalos por corrupción de “Tangentopoli” o “Manos Limpias”, que arrasaron con la clase política de entonces.

El multimillonario italiano, que forjó de la nada su fortuna, una de las mayores de Europa, con un estilo caracterizado por ataques y provocaciones a sus enemigos políticos y un acérrimo anticomunismo, llega a su ocaso político con una popularidad que cae en picada, situándose en 22%, su mínimo histórico.

La desastrosa gestión de la grave crisis económica que atraviesa Italia y Europa afectó negativamente la imagen de Berlusconi, que vivió una prolongada agonía política.

Nacido el 29 de septiembre de 1936 en una familia acomodada de Milán, Berlusconi mostró su vocación por los negocios desde la adolescencia, cuando estudiaba en el colegio de los Salesianos.

Perspicaz y engreído

Inteligente, perspicaz, engreído (hay quienes le acusan de un fuerte complejo de superioridad), Berlusconi no ha tenido reparos para adoptar leyes que favorecían a su propio imperio mediático o para evitar ser procesado por los jueces de su país, a los que despreciaba y tildaba de “rojos comunistas”.

Animador de locales nocturnos en el balneario de Rímini durante su juventud, capaz de fascinar a turistas durante los cruceros con canciones, Berlusconi siempre ha contado con la lealtad de un grupo de amigos íntimos, como Fedele Confalonieri, a quien confió las riendas de Mediaset, la poderosa empresa de televisión de su imperio industrial Fininvest, que comprende 500 sociedades, entre ellas la casa editorial Mondadori.

Vendedor de aspiradoras a finales de los años 50, Silvio Berlusconi se graduó en 1961 en derecho y se dedicó al sector de la construcción, comenzando así una imparable carrera que ha suscitado interrogantes a los que nunca ha dado respuestas satisfactorias.

Condecorado como “Caballero del Trabajo” a los 41 años, “Il Cavaliere” Berlusconi llegó a ser primer ministro por primera vez en 1994.

“Traicionado” por su aliado de la populista Liga Norte, tuvo que dejar el poder tan sólo siete meses después.

Pese a las críticas y controversias que suscitó su segundo mandato entre 2001 y 2006, y a las divisiones internas dentro de su propia coalición, que casi se desintegra, Berlusconi ha sido por casi dos décadas el ‘líder máximo’ de la derecha italiana.

Con un golpe estratégico, reunificó sus huestes bajo una sola bandera y un partido único, bautizado el “Pueblo de las Libertades”, fruto de la fusión entre la derecha de Alianza Nacional (AN) y su propia formación Forza Italia (FI).

Una jugada sorprendente que le permitió en 2008 llegar al poder de nuevo para tomar las riendas de Italia.

Los excesos y aficiones sexuales

Ese nuevo mandato estuvo marcado por los excesos y abusos del magnate de las comunicaciones en el ejercicio del poder, los cuales suscitaron ríos de críticas y protestas de medios de comunicación, industriales e inclusive de la iglesia italiana.

La ruptura hace dos años con su exdelfín Fini, actual presidente de la Cámara de Diputados, ocurrió en un momento particularmente delicado por las revelaciones picantes sobre sus aficiones sexuales y el desprestigio moral.

Su vida disipada y la atracción por las chicas jóvenes le costó en 2009 un pedido público de divorcio por parte de su segunda esposa.

Juzgado por los tribunales de Milán (norte) por prostitución de menor y abuso de funciones por el caso de la joven marroquí llamada Ruby, entre las protagonistas de sus célebres fiestas privadas al ritmo del “bunga-bunga”, Berlusconi debe responder ante la justicia también por soborno y fraude fiscal.

Siempre bronceado por el sol, tras varios “liftings” e implantes capilares, Berlusconi estuvo casado dos veces, tiene cinco hijos y es varias veces abuelo.