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Mitt Romney cruzó cuatro husos horarios de Estados Unidos el pasado miércoles, mientras el presidente Barack Obama se pasaba despierto toda la noche, llamando por teléfono desde el avión presidencial a sus simpatizantes, mientras volaba de mitin en mitin en una ofensiva relámpago de 48 horas.

Un esfuerzo desesperado de ese tipo podría ser necesario en estas semanas finales de la contienda, y, probablemente, sea un buen ejercicio de relaciones públicas para los candidatos, que tratan de demostrar que pueden manejar cualquier cosa que se les cruce en la Casa Blanca.

Pero también hay un peligro, y los asistentes de Obama y de Romney lo saben.

Hacer campaña sin descanso con el tiempo produce el agotamiento del candidato, y eso puede significar torpezas, errores y pifias.

Las pifias en la era de internet

Las repercusiones de un desliz de lengua de última hora ya eran muchas hace más de medio siglo, cuando los candidatos apenas se estaban acostumbrando a las campañas en la era de la televisión.

Pero ahora, en la política de alta velocidad de la era de internet, hay muchas más cosas en juego si el candidato enreda los datos o parece estar fuera de la jugada en la recta final hacia el día de la elección.

Aun peor para los candidatos cansados y desgastados, el día de la votación se ha convertido en el mes de la votación. Antes había tiempo para que los especialistas de campaña trataran de reparar los daños por un comentario desafortunado antes de que los electores llegaran a las casillas. Ahora hay millones de ciudadanos que ya están votando en todos los estados más importantes donde se decidirá la elección.

Y, de remate, son más altas las expectativas de que el candidato no demuestre su agotamiento por ahora.

El menor desliz sería grave

Ya no basta verse bien para la televisión en los noticieros de la 6 de la tarde. Ahora por todas partes hay cámaras de vídeo en los teléfonos celulares, canales de cable que transmiten información las 24 horas con imágenes superclaras y de alta definición que, si las hay, mostrarán las bolsas de cansancio bajo los ojos.

Cada uno de los candidatos actuales ha cometido su ración de meteduras de patas en la campaña a lo largo de los años. Algunas han resultado políticamente difíciles de manejar. Pero ninguna tendría tantas consecuencias como un error en las últimas dos semanas de una campaña presidencial que parece tan cerrada como cualquiera en la historia reciente. El menor desliz les podría costar la presidencia a Obama o a Romney.

Errores que han hecho historia

Los candidatos --y sus asistentes-- probablemente no necesiten un recordatorio de las pifias causadas por el agotamiento de los candidatos anteriores. Pero ahí está de todos modos.

—El senador John Kerry debe haber estado cansado ese día de agosto de 2004, cuando equivocadamente llamó Lambeau Field (la sede de los Green Bay Packers) al Lambert Field, el aeropuerto de St. Louis. Él estaba en Wisconsin en esa ocasión, en una dura campaña contra el Presidente George W. Bush.

—En mayo de 2008, en lo más álgido de su batalla con la entonces senadora Hillary Rodham Clinton, Obama dijo que estaba orgulloso de haber hecho campaña en 57 estados. Sólo hay 50 estados, claro.

—George Romney, el padre de Mitt Romney, estaba al cabo de un frenético día de campaña por la nominación republicana en 1967 cuando le dijo a un reportero que “le habían lavado el cerebro” en un viaje al extranjero. No ganó la nominación.

—El gobernador Howard Dean, de Vermont estaba cansado --pero conectado-- cuando soltó un grito al perder los caucus de Iowa en 2004. Su campaña no se recuperó de ese momento.

—La agotadora elección de 1976 estaba por terminar, cuando Jimmy Carter concedió una entrevista a la revista Playboy (¡Sí, Playboy!). En la entrevista, él admitió que había “mirado con lujuria” a muchas mujeres, pero de todos modos ganó la presidencia.

—Y, por supuesto, Romney ha cometido algunas pifias, probablemente debido, en parte, al hecho de estar cansado. La descompensación horaria y el agotamiento quizá tuvieron algo que ver con que haya logrado insultar a la ciudad de Londres en vísperas de los Juegos Olímpicos.

Los efectos

¿Qué tan dañinos son esos errores realmente?

Su nocividad varía, por supuesto. Algunos errores o pifias podrían acabar con una candidatura e incluso con toda la carrera política. Otros podrían tener efectos limitados. Pero todos roban algo que ninguna campaña puede permitirse perder en los últimos días de una contienda muy reñida: tiempo.

¿Podrán los candidatos actuales evitar momentos similares al recorrer los últimos 12 días de la campaña presidencial de 2012? Sus asistentes tienen cruzados los dedos.