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  • AFP

Brasil rindió el jueves un último homenaje a Oscar Niemeyer, el “poeta de las curvas”, fallecido a los 104 años, en la capital futurista Brasilia, que ayudó a diseñar y con la cual revolucionó la arquitectura mundial.

El cuerpo del arquitecto fue embalsamado y trasladado desde Río de Janeiro a Brasilia para su velorio en el Palacio Presidencial de Planalto, una de sus grandes obras.

El féretro, envuelto en la bandera brasileña, recorrió la Avenida del Poder de Brasil en un carro de Bomberos abierto y subió la rampa de Planalto escoltado por la Guardia Presidencial, bajo una salva de aplausos de cientos de brasileños.

Niemeyer retornó así a la ciudad que creó junto al urbanista Lucio Costa en 1960, y que visitó en vida por última vez en 2009, tras un agotador viaje de dos días en coche debido a su temor a los aviones.

Falleció el miércoles de noche a raíz de una infección respiratoria, 10 días antes de cumplir 105 años, tras permanecer poco más de un mes internado en un hospital.

La presidenta brasileña Dilma Rousseff decretó duelo oficial de siete días.

“Poeta de las curvas”

Niemeyer fue uno de los principales arquitectos del siglo XX, y se destacó por la exaltación de la curva, “libre y sensual”, inspirado en las montañas de Brasil, en sus ríos y las olas del mar, y en “el cuerpo de la mujer”.

El ángulo recto no lo atraía, como tampoco “la línea recta, dura, inflexible, inventada por el hombre”, decía. Era este un tema que lo oponía a su maestro, el arquitecto francés Le Corbusier, con quien trabajó en su juventud.

Nacido en Río el 15 de diciembre de 1907, en una familia burguesa de origen alemán, portugués y árabe, Oscar Ribeiro de Almeida de Niemeyer Soares diseñó más de 600 proyectos alrededor del mundo en más de 70 años de carrera.

Algunas de sus obras más conocidas, además de la capital Brasilia, fueron el barrio de Pampulha en Belo Horizonte (Minas Gerais) en 1943, su primera gran obra y una de sus favoritas; la sede de la ONU en Nueva York junto a un grupo de arquitectos liderado por Le Corbusier en 1952, y el Sambódromo de Río (1984).

Niemeyer ganó en 1988 el premio Pritzker, equivalente al Nobel de Arquitectura.