•   Carlos Mario Márquez  |
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  • AFP

Grupos religiosos y comunidades campesinas de El Salvador se alistan para conmemorar el 26 aniversario de la masacre de El Mozote, cometida por el ejército de El Salvador contra más de mil campesinos en diciembre de 1981.

"Estamos preparando una celebración con diversos actos religiosos y culturales para recordar la memoria de las víctimas", declaró Carmen Elena Hernández, portavoz de la iglesia de Perquín, Morazán, unos 208 km al noreste de San Salvador.

Los actos conmemorativos se iniciarán el 7 de diciembre con un festival centroamericano de danza en Perquín; y para el siguiente día está previsto un acto central en la comunidad de El Mozote, a unos ocho kilómetros de Perkín.

En El Mozote, el ballet folclórico de la Fundación Rubén Darío de Nicaragua presentará una "pastorela" en honor a los niños de El Mozote, para luego dar paso a la presentación de tres grupos musicales de la zona, según consigna el programa.

Caso investigado por la CIDH

Durante el acto conmemorativo, el director de Tutela Legal del Arzobispado de San Salvador, Ovidio González, presentará un informe sobre la evolución del caso, que es actualmente investigado por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, con sede en Washington.

En El Salvador, el caso fue archivado por un tribunal en 1994 en virtud de una ley de Amnistía que perdonó crímenes cometidos durante la guerra civil (1980-1992).

Entre el 11 y 13 de diciembre de 1981, en el marco de la guerra civil salvadoreña, el ahora proscrito batallón militar Atlacatl masacró a mujeres, ancianos y niños en varios cantones de Morazán.

En 1993, una Comisión de la Verdad, creada por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) para investigar las atrocidades de la guerra, responsabilizó de la masacre al coronel Domingo Monterrosa, que figuraba como comandante de la Tercera Brigada de Infantería.

Monterrosa murió el 23 de octubre de 1984 en un atentado, cuando la guerrilla le indujo a creer que había capturado los transmisores de la clandestina radio Venceremos, que en realidad eran aparatos con cargas explosivas que estallaron al ser activadas mediante control remoto.

En el atentado murió Monterrosa y todo el mando militar de la región oriental del país que lo acompañaba.

El próximo 8 de diciembre las comunidades eclesiales de base recordarán además a Rufina Amaya, la única sobreviviente de la masacre quien vio morir a sus cuatro hijos y a su esposo y que narró al arzobispado de San Salvador los detalles de la matanza. Amaya, de 64 años, murió en abril pasado de un paro cardíaco.

Con base en el testimonio de Amaya, la oficina de Tutela Legal del Arzobispado logró identificar hasta diciembre pasado a 809 víctimas del sangriento episodio.

La guerra civil salvadoreña dejó más de 75 mil muertos, más de siete mil desaparecidos y pérdidas a la economía nacional estimadas en 1.579 millones de dólares.