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SANA / AFP

Un grupo islamista atentó ayer miércoles con coche bomba y cohetes contra la embajada estadounidense en Saná, con un saldo de al menos 16 muertos, casi todos yemeníes, entre ellos seis atacantes, en el segundo golpe en seis meses contra intereses de Estados Unidos en el país.

Entre las víctimas mortales figuran seis soldados yemeníes y cuatro civiles, incluida una india, señaló el ministerio del Interior yemení.

Un misterioso grupo denominado Yihad Islámica en Yemen reivindicó el ataque y amenazó con operaciones similares contra Gran Bretaña, Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos en Saná, en un texto recibido por la AFP.

El presidente de Estados Unidos, George W. Bush, vio en el atentado un recuerdo de que su país está “en guerra contra los extremistas”, y ha asegurado que estos últimos no mermarán la determinación norteamericana.

El ataque tiene “todas las señales de ser de Al Qaida”, dijo el portavoz del departamento de Estado norteamericano, Sean McCormack.

El secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, condenó “firmemente” el atentado y pidió que sus responsables sean llevados ante la justicia.

También condenó el ataque de “manera firme” el candidato demócrata a la Casa Blanca, Barack Obama.


Dos coches bombas
Según el ministerio del Interior de Yemen, en el atentado se utilizaron dos coches bomba. “Intentaron atravesar el cordón de seguridad de la embajada de Estados Unidos, pero los guardias de seguridad consiguieron (provocar) su explosión lejos del edificio provocando la muerte de los seis asaltantes, uno de los cuales llevaba un cinturón de explosivos”, declaró un responsable del ministerio, citado por la agencia oficial SABA.

La explosión ha sido tan fuerte, que jirones de carne humana cayeron a un centenar de metros de distancia, según varios habitantes.

Según testigos, hombres armados barrieron a tiros un destacamento de policía frente al complejo fortificado de la embajada estadounidense antes de que otro atacante hiciera estallar un coche bomba que levantó una bola de fuego.

Le siguieron una serie de explosiones y disparos de armas y cohetes contra la legación diplomática.

En marzo, una colegiala y un policía perdieron la vida y 19 personas resultaron heridas por una lluvia de fuego de mortero que, según los diplomáticos estadounidenses, tenía como blanco la embajada de Estados Unidos.

Después de un ataque con cohete contra un complejo residencial donde vivían trabajadores estadounidenses de la industria petrolera en abril, el departamento de Estado norteamericano ordenó la evacuación del personal diplomático no indispensable, pero esa orden fue suspendida en agosto.

El atentado del miércoles es el más sangriento en Yemen desde que Al Qaida atacó, en octubre de 2000, el buque de guerra estadounidense “USS Cole” en el sureño puerto de Adén con un bote cargado con explosivos. El saldo fue de 17 marinos norteamericanos muertos.

Yemen es un importante aliado de Washington en la lucha contra Al Qaida. Este atentado “desesperado” es “una respuesta de los terroristas a las medidas que ha adoptado el gobierno contra grupos terroristas”, declaró el ministro de Relaciones Exteriores yemení, Abu Bakr Al Kurbi, en una reunión con los embajadores de la Unión Europea (UE) en Saná, según la agencia SABA.