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  • AFP

El Gobierno de Barack Obama busca mejorar sus relaciones con la Venezuela pos-Chávez, pero nada permite asegurar que el sucesor del popular y antiestadounidense presidente bolivariano acepte la mano tendida por Washington, advierten expertos.

Aún si disponen de escasas informaciones sobre la situación del comandante, hospitalizado en Cuba desde el 10 de diciembre por un cáncer y desde entonces invisible, funcionarios estadounidenses piensan que Chávez se encuentra en muy mal estado de salud y no creen posible su retorno al poder.

Tanto es así que incluso antes de que el portaestandarte del “socialismo del siglo XXI” desapareciera de escena, hace un mes, la secretaria adjunta encargada de América Latina de Estados Unidos, Roberta Jacobson, tomó la iniciativa de telefonear al vicepresidente venezolano Nicolás Maduro, a fines de noviembre.

Maduro es, precisamente, el dirigente a quien Chávez designó como su sucesor y a quien confió parte de sus poderes antes de partir hacia La Habana.

Washington y Caracas carecen de embajadores desde 2010, y Jacobson y Maduro discutieron sobre los medios para recomponer esas relaciones, en temas como la lucha contra las drogas, el antiterrorismo o la energía. Venezuela tiene gigantescas reservas petroleras y vende a Estados Unidos el 10% del crudo que la principal economía del mundo importa.

Pragmática, al igual que lo es su diplomacia en relación a Rusia, la Administración Obama apunta a “relanzar” sus vínculos con Venezuela, consciente como está de que el régimen chavista no desaparecerá con su creador, que podría ser reemplazado por Maduro o por el presidente de la Asamblea Nacional, Diosdado Cabello.

“Hace ya un tiempo que venimos diciendo que queremos mejorar nuestras relaciones con Venezuela”, confirmó la portavoz del Departamento de Estado, Victoria Nuland. “Si su Gobierno y su pueblo quieren avanzar junto a nosotros, tienen una puerta abierta, pero se necesitan dos para bailar el tango”, dijo.

Por otro lado, al reconocer públicamente su diálogo telefónico con Jacobson, Maduro recordó que ambos países tenían “opiniones totalmente opuestas desde el punto de vista histórico y político (y) grandes diferencias ideológicas”.

 

Noriega duro

Roger Noriega, predecesor de Jacobson en el Departamento de Estado bajo la Presidencia de George W. Bush, es por el contrario adverso a todo proyecto de “retorno de embajadores” en un “momento crucial” como el actual, puesto que “mataría las esperanzas de la oposición democrática y legitimaría a Maduro”.

 

¿Será posible recomponer lazos?

De hecho, Chávez, en el poder desde 1999 y partidario desde un comienzo de una América Latina desembarazada de la influencia estadounidense, “jamás mostró un verdadero interés por establecer una relación constructiva” con Washington, destacó Cynthia Arnson, directora del Woodrow Wilson International Center.

Su colega Eric Farnsworth, vicepresidente del centro de reflexión Council of Americas, subraya igualmente la “intransigencia” del Gobierno de Chávez y observa que “Washington, frustrado hace años por sus malas relaciones con Venezuela, está buscando medios para mejorarlas”.

Pero “sea quien sea el sucesor de Chávez, nada indica que querrá automáticamente tener mejores vínculos con Estados Unidos. Incluso es posible imaginar que intentará boicotearlos aún más”, prevé el experto, que percibe en el “antiamericanismo forjado por Chávez” la mejor base que puede encontrar su sucesor para construir una “legimitidad política”.

De todas maneras, las posibilidades para Estados Unidos de “lograr una relación productiva, son mayores con Maduro” que con Cabello, considerado un nacionalista puro y duro, estima Cynthia Arnson.

La especialista es partidaria de una “reinstalación de embajadores, precondición mínima para mejorar los vínculos”.