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  • AFP

El incendio en una discoteca del sur de Brasil en la que murieron 237 personas sobrevuela el Carnaval, la mayor fiesta del país: decenas de bares y salas de espectáculos fueron cerrados y varias celebraciones canceladas en señal de duelo.

Bares, discotecas, salas de espectáculos y teatros han sido clausurados por decenas en la última semana en las principales ciudades del país, tras inspecciones de última hora destinadas a impedir el funcionamiento de locales que no cumplen con las normas de seguridad.

De acuerdo a las investigaciones iniciales, el uso de espuma altamente inflamable en el techo y la falta de salidas de emergencia adecuadas contribuyeron a convertir en una trampa mortal la discoteca Kiss de Santa Maria (Rio Grande do Sul) en momentos en que el país se prepara para acoger la Copa del Mundo de fútbol en 2014 y los Juegos Olímpicos en Rio de Janeiro en 2016.

Al mismo tiempo, en el sur del país, 22 ciudades cancelaron el Carnaval, incluida Santa Maria que declaró un luto de 30 días.

"Habrá un antes y un después de Santa Maria. Una ciudad jamás está preparada para una tragedia de esta magnitud", dijo a la AFP Ana Carvalho, portavoz de la secretaría de orden público de la alcaldía de Rio de Janeiro.

Una semana después del incendio, "las denuncias de irregularidades (en locales nocturnos) han aumentado" muchísimo, explicó. Un hecho que se repite en todas las ciudades del país, donde se han multiplicado los pedidos de inspecciones.

En Rio de Janeiro, que espera cerca de un millón de turistas para su famoso Carnaval que comienza el viernes, 127 locales de los 209 inspeccionados por los bomberos fueron cerrados en los últimos días.

"Fueron cerrados a raíz de fallas en el sistema de seguridad", indicó el jefe de los bomberos, Sergio Simoes.

"En el Carnaval, la gente quiere divertirse en la calle, pero creo que Santa Maria tendrá un impacto para los empresarios del sector" de espectáculos, afirmó Carvalho.

El fin de semana, 650.000 personas participaron de los desfiles callejeros llamados "blocos" al son de las marchas del Carnaval.

Los jóvenes cariocas reconocen que la tragedia ha tenido un impacto. "Todo el mundo piensa en lo que ha pasado en Santa Maria, ahora cuando llegamos a un local, revisamos las salidas de emergencia", explicó Cynthia de Oliveira, de 25 años, a la AFP.

Pero advirtió que "nadie va a dejar de ir a la discoteca por eso. Lo que pasa es que prestamos más atención".

"Es absurdo que tuviera que ocurrir una tragedia de este tamaño para que las discotecas y teatros sean inspeccionados", lamentó Liliane Barbosa, de 31 años, citada por el diario O Globo, al quejarse de las escasas inspecciones de locales.

Simoes afirmó que el año pasado 16,000 establecimientos comerciales (incluidos restaurantes y hoteles) fueron inspeccionados. Este año el objetivo es inspeccionar entre 40.000 y 48.000.

"Después de Santa Maria, vamos a duplicar la atención", sostuvo Marcos Alvit, uno de los propietarios de la discoteca Melt, del rico y turístico barrio de Leblon, que cerrará dos meses para reformas tras el Carnaval.

El responsable asegura que esa modernización es para ponerse al día ante la llegada de la Copa del Mundo y los Juegos Olímpicos, y que estaba prevista antes de la tragedia de Santa Maria.

Alvit sin embargo consideró que "la sensación (entre los empresarios) es que hay una caza de brujas, que hay una cierta paranoia. No vamos a resolverlo todo de la noche a la mañana", dijo.

Una de las cuestiones en las que autoridades y empresarios coinciden es que es necesario "reducir la burocracia y el tiempo para entregar los permisos" de funcionamiento, que a veces demoran años. La alcaldía está empeñada en ello, aseguró Carvalho.

"Tenemos que poner en práctica la ley, que es rígida, y crear mecanismos racionales de control", afirmó el secretario de Seguridad Pública, José Mariano Beltrame, nacido en Santa Maria.