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  • AFP

Decenas de miles de personas asistieron este viernes al funeral del opositor asesinado Chokri Belaid, convertido en una manifestación contra el poder islamista, y donde se produjeron enfrentamientos a pesar del imponente dispositivo policial y militar.

El partido islamista en el poder en Túnez, Ennahda, ha sido acusado de estar detrás de este asesinato sin precedentes en los anales contemporáneos, y de la crisis política que vive el país desde hace meses.

La policía empleó gases lacrimógenos contra unos vándalos que incendiaron coches delante del cementerio, en el sur de Túnez, donde debía ser enterrado el opositor. El incidente causó un breve movimiento de pánico, según un policía.

En otro punto de la capital, en la avenida Habib Bourguiba, en pleno centro, la policía persiguió con porras y gases lacrimógenos a decenas de jóvenes manifestantes hostiles al poder, que gritaban "Lárgate, lárgate", la divisa de la revolución que en enero de 2011 terminó con el régimen de Zine El Abidine Ben Ali.

Durante los funerales de este opositor asesinado de tres balazos delante de su casa el miércoles en Túnez, el país estaba paralizado por una huelga general convocada por partidos políticos y la Unión General Tunecina del Trabajo (UGTT).

Belaid, de 48 años, era un firme opositor a los islamistas y dirigía el Partido de los Patriotas Demócratas, que se integró en la alianza "Frente Popular". Éste federa a unos diez grupúsculos de extrema izquierda y nacionalistas árabes. De momento se ignora quién fue el autor de su asesinato.

Muchedumbre pedía caída del régimen


"El pueblo quiere la caída del régimen", gritó la muchedumbre a la entrada del cementerio de El Jellaz.

"El pueblo quiere una nueva revolución", "Ghannushi asesino", "Ghannushi toma tus perros y lárgate", gritaban también, refiriéndose al líder del partido Ennahda.

Alrededor del camposanto había un impresionante dispositivo de seguridad formado por militares, unidades antidisturbios y hombres de paisano encapuchados y armados de palos.

Los helicópteros del ejército sobrevolaban la capital, donde había camiones militares en la avenida Bourguiba, epicentro de los enfrentamientos de los últimos días, que costaron la vida a un policía. Otro agente estaba este viernes en coma después de que por la noche unos manifestantes lo golpearan en Gafsa.

Los militares también fueron desplegados en las ciudades de Zarzis (sur), en Gafsa (centro), y en Sidi Buzid, cuna de la revolución de 2011, delante de las principales administraciones.

En estas ciudades y en otros puntos del país, cientos de personas se manifestaron a gritos de "Asesinos" y "Chokri descansa, continuaremos tu combate". En Gafsa hubo breves enfrentamientos entre policías y manifestantes.

El funeral del opositor se celebró en medio de una huelga general, que se tradujo en la anulación de todos los vuelos de salida y de llegada en el aeropuerto de Túnez-Cartago, el principal del país.

Los transportes apenas funcionaban, los supermercados, tiendas y cafés estaban cerrados en numerosas ciudades, y las calles casi vacías.

La huelga, la primera de esta amplitud desde la caída de Ben Ali, se produce en un contexto económico y social muy tenso. Las manifestaciones y conflictos sociales, a menudo violentos, se han multiplicado a causa del desempleo y la miseria, dos factores clave de la revolución.

El asesinato agravó además la crisis política en el país, con la aparición de fisuras entre los moderados de Ennahda, liderados por el primer ministro islamista, Hamadi Jebali, y una franja más radical, alineada con su líder histórico, Rashed Ghannushi.

Jebali pidió el miércoles la creación de un gobierno de tecnócratas, lo que su propio partido, Ennahda, rechazó.