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Los obispos católicos irrumpieron como el enemigo más inesperado y temido por el presidente ecuatoriano Rafael Correa en su campaña por el proyecto de Constitución, con duras críticas que alinearon a la Iglesia con la derecha más conservadora y opuesta al gobierno, según analistas.

Como pocas veces en los últimos 30 años, la cúpula del clero alzó su voz para rechazar una propuesta que, a sus ojos, abría las puertas a la legalización del aborto, del matrimonio entre homosexuales y a la concentración del poder en el presidente.

“Ésta es una intervención inédita en las últimas tres décadas, en que la Iglesia puso en riesgo su influencia al hacer una oposición más política que moral”, dijo a la AFP Adrián Bonilla, director de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso).

En Ecuador rige el Estado laico y un 95% de la población es católica. La Iglesia es vista como la institución más creíble del país por encima del gobierno y de las Fuerzas Armadas, según encuestas.

Rica torta con gotas de cianuro
Aun cuando el proyecto constitucional --que será votado en referendo el domingo-- no menciona explícitamente las prácticas que repudia la Iglesia, la Conferencia Episcopal mostró su abierta oposición criticando, además, aspectos como el supuesto “hiperpresidencialismo” de la propuesta.

“Es una rica torta a la que han puesto gotas de cianuro”, dijeron los obispos en el momento más intenso de la controversia con el presidente Rafael Correa, quien confesó sentirse traicionado” porque --de acuerdo con él-- la mayoría de los puntos fueron consensuados por las partes.

El mandatario, quien se describe como un católico practicante de izquierda, debió ajustar su estrategia electoral para enfrentar lo que el clero llamó una catequesis, pero que para el gobierno no fue más que una campaña desde los púlpitos a la que se sumaron evangélicos y cultos ultraconservadores.

El momento más álgido de la polémica
“La Iglesia se puso de lado de la derecha ecuatoriana, y escudándose en ciertos valores sirvió de punta de lanza a ese sector, que carecía de fuerza política para actuar por sí misma”, señaló por su parte el sociólogo Hernán Reyes, de la Universidad Andina Simón Bolívar (privada).

Ante la “arremetida” de la Conferencia Episcopal, Correa volcó sus esfuerzos para divulgar los artículos textuales referidos a la vida, la familia y la libertad religiosa, frente a lo cual el principal jerarca católico, el arzobispo Antonio Arregui, celebró tres misas campales para defender sus posiciones en Guayaquil (suroeste), bastión opositor.

El presidente temió la incidencia de la Iglesia “porque sabe que buena parte de la sociedad ecuatoriana tiene una mentalidad bastante conservadora pese a la voluntad de cambio político, y lo que hizo fue develar a un actor político”, opinó Reyes.

En ese sentido, los analistas consultados por AFP coincidieron en que el clero podría quedar debilitado tras el pulso con el gobierno y la eventual aprobación de la iniciativa constitucional.

“La Iglesia no fue un factor determinante, según lo muestran las encuestas, y por el contrario va a tener un elevado costo en términos de influencia política”, observó Bonilla.

Asimismo, “internamente habrá quien le pida cuentas a Arregui por esta súbita politización radical, y por el paso atrás que dio al alinearse con las corrientes evangélicas más retardatarias”, abundó por su parte Reyes.