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Han pasado casi tres meses desde que la ex candidata presidencial Ingrid Betancourt fue rescatada en la selva de Colombia y todavía se siente incapaz de hablar con detalle de los más de seis años que estuvo secuestrada por la guerrilla de las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia). “Soy muy feliz... pero mi corazón sigue encadenado a esos árboles de la selva”, confesó este miércoles Betancourt, que planea crear una fundación que defienda los derechos humanos. “No quiero volver a ser política”, aseguró en Madrid.

Su declaración puede estar relacionada con la caída en picada de su nombre en los sondeos de opinión: ella marca el 14% de intenciones de voto junto con un matemático de Medellín. El efecto “Jaque” --así se llamó la operación que la regresó a la libertad-- se desinfló.

La Ingrid Betancourt de ahora cuenta que se siente diferente a la que fue secuestrada el 23 de febrero de 2002 cuando viajaba a San Vicente del Caguán, en plena campaña electoral. “En la selva perdí la infancia de mis niños y cosas que tenía que perder --mucha bobada y mucha impaciencia-- y gané a Dios, gané humildad y mucho amor por el mundo”, explicó Betancourt, de 46 años, en la presentación del libro Infierno verde (Editorial Aguilar, perteneciente a PRISA, grupo editor de EL PAÍS), en el que el ex congresista colombiano Luis Eladio Pérez, liberado en febrero, cuenta sus seis años en la cárcel de las FARC, que compartió con Betancourt.

Los meses posteriores a la liberación son muy duros, según los expertos, y muchos se preguntan cómo está en realidad Ingrid. La ex candidata no ha vuelto a Colombia por problemas de seguridad.

Su conversión religiosa
“Desde afuera es difícil de decir, la procesión va por dentro. Pero veo que es una mujer muy estructurada, inteligente, con unos vínculos afectivos importantes y un gran apoyo social, lo que en principio es una ayuda para superar una experiencia como la que ella sufrió”, explica en conversación telefónica desde Bogotá la sicóloga Olga Lucía Gómez, directora de la Fundación País Libre, que cada año se encarga de una media de 300 casos de víctimas del secuestro en Colombia.

“Mi terapia es el amor de mi familia, con ellos he vuelto a ser feliz”, dijo este miércoles  Betancourt. “También ha sido importante mantenerme activa en agradecer a todos lo que han hecho por nosotros”, añadió.

“Lo que está haciendo Ingrid ahora me parece sensato. Primero, se dedica a ella; y luego, a su agenda política”, añade la sicóloga Olga Lucía Gómez. “Ella sufrió una conversión religiosa en la selva, porque antes ella no era así, y me gusta más esta Ingrid que está más mística y más lógica”, opina la periodista colombiana María Jimena Duzán, en una entrevista telefónica. “Me parecería lógico que estuviera un poco deprimida, sería normal, y también entiendo que no quiera volver a Colombia de momento, porque después de tantos años secuestrada está en su derecho de elegir”, añade.

Algunos analistas señalan que Betancourt retornará a la política. “Lo lleva en la sangre”, dijo un politólogo colombiano.