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Las bandas del crimen organizado de Guatemala aprovechan que las leyes del país impiden que los menores de edad puedan ser imputados penalmente, para entrenar en el uso de las armas de fuego y técnicas de ataque a infantes de 10 o 12 años, a quienes convierten en "niños sicarios".

"No hay estadísticas oficiales, pero los casos están ahí, a la vista de todos", dijo a Acan-Efe un oficial de la Policía Nacional Civil designado a la Fuerza de Tarea de Delitos contra la Vida tras informar el martes, sobre la participación de un niño en el asesinato de un taxista.

En las cámaras de seguridad de la Policía ubicadas en el bulevar Los Olivos, al norte de la capital, quedó registrado el momento en
el que el "niño sicario", de unos 10 años según los cálculos de las autoridades, desenfundó una pistola automática y disparó dos tiros a la cabeza de un taxista.

En las cintas se observa también cuando el menor guarda entre sus ropas el arma y sin inmutarse, ante la mirada atónita de varios testigos, aborda una unidad del transporte colectivo y huye del lugar.

Las autoridades del Ministerio del Interior no respondieron a las repetidas llamadas de Acan-Efe para que se pronunciaran sobre este asesinato, pero según el oficial de la Policía consultado, que pidió no ser identificado, "es poco" lo que se hace para evitar el reclutamiento de los niños por parte de las bandas criminales.

El ministro del Interior guatemalteco, Mauricio López, ha dicho que los grupos delictivos se han dedicado a contratar y entrenar a menores de edad como "sicarios" debido a que la legislación guatemalteca contempla que los hechos cometidos por éstos no pueden ser procesados como delitos penales.

"El que no se les pueda imputar penalmente es la principal motivación de estos grupos para implicar a los menores en todo tipo de delito, principalmente los asesinatos. Eso les permite actuar con impunidad", explicó a Acan-Efe Rodolfo Díaz, uno de los abogados de la Fundación Sobrevivientes, que asesora a mujeres y menores víctimas de la violencia.

La Fundación colabora con la Fiscalía en un proceso penal abierto en contra de un hombre de 22 años que el pasado 3 de febrero, junto
a un adolescente de 17 y un niño de 11, asesinaron en un barrio del norte de la capital a una mujer de 22 años y a sus dos hijas de 3 y 7 años.

Este caso, explicó Díaz, ilustra la forma cómo los criminales utilizan a los menores para asesinar a mansalva: "el (sicario) de 11 años le coloca la pistola en el cuello a la niña de 3, y le dispara.

El otro menor mata a la mujer y a la otra niña". El adulto observa.

Las fuerzas de seguridad lograron con una rapidez inusual capturar a los responsables del triple crimen, y la Fiscalía inició el proceso penal contra el adulto y el adolescente, mientras que el niño de 11 años fue recluido en un albergue de la Procuraduría General de la Nación.

El pequeño, precisó el abogado, ha relatado la forma en que lo reclutaron y lo convirtieron en "niño sicario".

Hasta el momento ningún familiar ha indagado sobre la suerte del menor y la Fiscalía ha pedido que sea considerado como "testigo protegido" para garantizar su seguridad.

El procurador de los Derechos Humanos, Jorge de León, dijo a Acan-Efe que el Estado guatemalteco debe garantizar la seguridad y bienestar de los niños vulnerables para evitar que sean presa de las mafias que los utilizan.

"Todas las instituciones tienen que poner un especial esfuerzo para atender a la niñez e impulsar una campaña de prevención para
velar por el respeto a los derechos humanos de los niños que son víctimas de las mafias", precisó.

Los menores, agregó el Ombudsman, "son aprovechados por el crimen organizado debido a su falta de madurez", y principalmente porque la ley impide que sean imputados penalmente, lo que les garantiza impunidad absoluta.

En Guatemala el delito de asesinado se castiga con un máximo de 50 años de prisión.

El pasado fin de semana dos "niñas sicarias" de 13 y 15 años fueron capturadas tras asesinar de varios disparos a un hombre en un barrio popular del noroeste de la capital.

Las menores confesaron el crimen pero se han rehusado a informar sobre quién les ordenó cometerlo y cómo obtuvieron el arma con la que lo cometieron.

Según la Defensoría de la Niñez de la Procuraduría de los Derechos Humanos, son tantas las carencias afectivas, económicas, educativas y de atención que padecen miles de niños en Guatemala, que por unos cuantos dólares o un poco de falso cariño se convierten en presa fácil de los delincuentes.