•   Marsella, Francia  |
  •  |
  •  |
  • AFP

"La fórmula era perfecta": ante los gendarmes, Jean-Claude Mas, el fundador de la empresa francesa PIP que vendió durante años prótesis mamarias adulteradas, asumió fríamente el fraude, dejando percibir una personalidad de autodidacta autoritario y un tanto megalómano.

Mas, que comparecerá a partir del 17 de abril ante un tribunal correccional por engaño agravado y estafa, se encuentra en libertad bajo control judicial desde fines de octubre, tras haber pasado ocho meses encarcelado.

Desde su liberación no hizo declaraciones a a prensa, pero antes había mostrado una tendencia a la provocación.

Nacido el 24 de mayo de 1939 en Tarbes (sur de Francia), afirma que "siempre fue soltero" aunque tiene dos hijos, que reconoció "a pedido de la madre", declaró en noviembre de 2010.

Tras realizar estudios secundarios, Mas hizo el servicio militar en Argelia, y posteriormente se dedicó "a una tienda de comestibles, y a muchos otros empleos", según declaró a la policía durante la investigación.

Trabajó e una compañía de seguros y luego como visitador médico del grupo farmacéutico Bristol-Meyers, donde pasó 10 años.

En 1982, su vida dio un giro cuando conoció a Dominique Lucciardi, quien administraba entonces una empresa de implantes mamarios y trabajaba con un cirujano plástico francés, Henri Arion. Este inventó, en una época en que no había reglamentación, "y por tanto tampoco problemas", la fórmula de gel de silicona que utilizó luego Mas en los implantes PIP, afirmó él mismo.

Tras nueve años en esa empresa, Mas fundó Poly Implant Prothèse (PIP) en 1991. El sector estaba en pleno auge, pero, en 1992, el escándalo del fabricante norteamericano Dow Corning, que se asemeja mucho al caso PIP, acarreó la prohibición de la silicona en Estados Unidos, y luego en Francia.

PIP pasó a utilizar en sus implantes hidrogel y suero fisiológico, lo que le valió demandas judiciales en Estados Unidos. En 2000, las autoridades norteamericanas realizaron un control en PIP y prohibieron sus productos en Estados Unidos.

Mas buscó entonces nuevos mercados en América Latina, en el sudeste asiático y en Europa: "en total, en 65 países". Pero en 2003, sus bancos "lo abandonaron" y él fue a buscar capitales en la Bolsa de Nueva York. El montaje financiero de la PME francesa se opacó entonces, entre Luxemburgo y el estado norteamericano de Delaware. En 2005, un hombre de paja, fallecido dos años más tarde, habría intentado chantajear a Mas.

Entretanto, la silicona volvió a ser autorizada en Francia. Pero en vez de utilizar el gel de silicona Nusil, el único homologado, el fundador de PIP optó por siliconas industriales, "porque era más barato". Y, para mantener el sello de autorización europea CE, que le garantizaba el éxito comercial, engañó a los inspectores del líder alemán del control de calidad, TÜV, al que "pagaba para ser certificado" desde 1997.

El asunto se complicó en 2005, cuando las rupturas de prótesis empezaron a multiplicarse. Él ensayó un nuevo gel, modificó la envoltura de los implantes e incluso se planteó volver a utilizar el Nusil. Pero era ya demasiado tarde: PIP fue denunciada a la agencia francesa de control de productos médicos por cirujanos alarmados por el alto número de rupturas de implantes.

Al ser interrogado por la policía sobre lo que pensaba de las víctimas, Mas respondió: "nada".

Es más, el escándalo no parecía detenerlo, dado que la investigación reveló que quiso crear en 2011 una empresa para seguir comercializando prótesis en América Latina.