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  • AFP

Los iraquíes votaron ayer sábado para renovar las asambleas provinciales del país, en las primeras elecciones celebradas desde la salida de las tropas estadounidenses en 2011, y al fin de una campaña marcada por una escalada de la violencia.

Las mesas de votación se cerraron a las cinco de la tarde, hora local. El conteo de los boletines comenzó este domingo, aunque los resultados oficiales únicamente serán dados a conocer a inicios del próximo mes.

Poco después del cierre de las mesas de votación, la Comisión Electoral informó que la tasa de participación fue del 51%. Unos 13.8 millones de ciudadanos iraquíes estaban habilitados para votar.

Estas elecciones son consideradas también un barómetro sobre la popularidad del primer ministro, el chiíta Nuri Al Maliki, con problemas con sus socios de coalición y la minoría sunita, ante las legislativas previstas el próximo año.

“Todo cambia hoy”, dijo ayer Salah Husein, un empleado público de 45 años, después de haber colocado su boletín de voto en una urna en Bagdad. Husein expresó su esperanza de que mejoren los servicios públicos en el país.

Fueron parciales

Sin embargo, una participación aparentemente baja podría abrir un interrogante sobre la validez de la consulta. Diversos diplomáticos y observadores puntualizaron que solamente 12 de las 18 provincias de Irak organizaron las elecciones.

En el norte, las tres provincias de la región autónoma del Kurdistán disponen de un calendario electoral diferente y, en Kirkuk, un contencioso entre diferentes comunidades impide la celebración de estas elecciones.

Asimismo, dada la inestabilidad que reina en Bagdad, la capital ha decidido posponer los comicios en Al Anbar (oeste) y Nínive (norte), dos provincias de mayoría sunita donde tienen lugar la mayoría de las manifestaciones antigubernamentales desde hace cuatro meses.

La campaña, así como los primeros meses del año, se han visto marcados por un neto recrudecimiento de la violencia.

Catorce candidatos han sido asesinados desde el principio del año y los atentados se han multiplicado. Más de 100 personas han perdido la vida a lo largo de la semana pasada en atentados, entre ellos uno contra un café en un barrio sunita del oeste de Bagdad.

En la mañana de ayer sábado se produjeron nuevos incidentes. Dos personas resultaron heridas por tiros de mortero cerca de un colegio electoral en el sur de Bagdad y una bomba estalló en la provincia de Babilonia cerca de la vivienda de un miembro de las fuerzas de seguridad, sin dejar heridos.

“No hay vuelta atrás”, dice Al Maliki

En un intento de tranquilizar a los iraquíes, Al Maliki explicó a “aquellos que tiemblan por el futuro de Irak y que temen un regreso de la violencia y de la dictadura que las papeletas de voto son el arma que nos permitirá luchar”.

“No hay vuelta atrás”, prometió en la cadena pública de televisión Iraquiya después de votar.

Las fuerzas de seguridad reforzaron los controles y se desplegaron “todas las fuerzas” al servicio de los ministerios de Interior y de Defensa, según Saad Maan, portavoz del primero.

Solo los vehículos que cuentan con permiso especial pudieron circular y los alrededores de los colegios electorales se protegieron con alambradas.

En total, 8,000 candidatos aspiraban a los 378 escaños en juego.

“Las elecciones no pueden resolver todos los problemas de Irak, pero los problemas no se podrán resolver sin elecciones”, declaró Martin Kobler, jefe de la misión de Naciones Unidas en Irak (Unami), en una visita en el colegio electoral en el barrio de Salhiya, en el centro de Bagdad.

Estas elecciones son fundamentales en el sistema federal iraquí. Las asambleas provinciales se encargan de designar al gobernador responsable de dirigir la administración provincial, las finanzas y los esfuerzos de reconstrucción.

Sin programas

Durante la campaña, los candidatos dejaron de lado temas de interés para los electores como la lucha contra la corrupción y las deficiencias de los servicios públicos. Según observadores, en Irak pesan más en la elección la religión, la comunidad o el clan, que los programas electorales de los candidatos.