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La gonorrea podría volverse intratable médicamente en un futuro próximo debido a la creciente resistencia de los antibióticos a esta enfermedad de transmisión sexual.

Esa es la advertencia que van a hacer un grupo de expertos en una conferencia en el Reino Unido este martes.

Naciones Unidas asegura que surgen más de 100 millones de casos de la enfermedad en el mundo cada año.

La experta británica en salud reproductiva Cathy Ison abogará en el encuentro de microbiólogos por que las autoridades de salud ganen tiempo para que los investigadores puedan encontrar nuevos antibióticos resistentes a la gonorrea.

Además, pedirá incrementar los esfuerzos para promover el sexo seguro y mejores controles periódicos.

 

El profesor Peter Greenhouse, de la Asociación Británica de Salud Sexual y VIH (BASHH) explica a la BBC que es urgente desarrollar nuevos tipos de antibióticos capaces de combatir las nuevas cepas de esta infección que se transmite sexualmente.

Todos hemos escuchado las noticias sobre las superbacterias adquiridas en los hospitales, que cada vez son más difíciles de tratar.

Pero ahora, nuevos estudios hablan de una gonorrea resistente a los fármacos disponibles y el espectro de una infección sexualmente transmitida que no puede tratarse se cierne por primera vez en nuestra generación.

Desde que la penicilina fue utilizada por primera vez para tratar la gonorrea en 1943, la bacteria que la causa ha desarrollado gradualmente nuevos mecanismos para evadir el control de cada nuevo antibiótico.

Para que un tratamiento sea efectivo y práctico debe ser fácil de administrar, oralmente y con una sola dosis, para poder lograr suficiente concentración del fármaco en el organismo que pueda tratar más de 95% de las infecciones.

Si la eficacia es menor a esa cifra, debemos cambiar el tratamiento.

Pero con los antibióticos disponibles sin receta en África y Asia, la gente ha podido automedicarse, a menudo tomando la dosis equivocada en el momento equivocado, o tomándolo con alcohol, lo que reduce la efectividad del fármaco.

Esto ha producido que cepas de gonorrea que necesitan una concentración más alta del fármaco para matarlas se conviertan en las cepas dominantes.

Y esto ocurre cada vez que un fármaco deja de funcionar.

Si la gonorrea se vuelve resistente en esas regiones del mundo, tendría un efecto desastroso en las tasas de VIH, porque cualquier infección sexualmente transmitida que causa inflamación y secrecciones incrementa la eficacia de transmisión del virus VIH.

En promedio, la transmisión de VIH tiene cinco veces más probabilidades de ocurrir si la gonorrea o la clamidia (otra infección sexual) están presentes.
Vida corta

En el Reino Unido la ciprofloxacina, que fue introducida a mediados de 1980 cuando la penicilina dejó de funcionar, no es efectiva desde 2002.

La resistencia se desarrolló más rápido entre hombres homosexuales, y no era debido sólo a las múltiples parejas sexuales.

Mucha gente no es consciente de que el sexo oral es una ruta de transmisión importante de la gonorrea.

La bacteria se mezcla con organismos que viven de forma natural en el recto y la garganta, adquiriendo con estos microbios nuevos tipos de resistencia a los antibióticos.

El siguiente antibiótico que fue introducido, la cefixima, en 2003, duró sólo seis años en el Reino Unido donde la resistencia aumentó súbitamente, atacando al 25% de la población homosexual.

Ahora, la única opción de tratamiento para estos pacientes es una inyección de ceftriaxona, un remedio que ya fracasó en Japón.

El problema principal es que desde 1970 no se han desarrollado nuevos antibióticos.

Hay una necesidad urgente en todo el mundo de nuevas clases de estos fármacos pero las compañías farmacéuticas no están interesadas en ellos.

La realidad financiera dicta la política de investigación. Y ¿por qué desarrollar un fármaco que funciona para un día o una semana cuando puedes tener uno -como un antidepresivo o una estatina- que debe tomarse durante meses, años o para toda la vida?

Así que un nuevo antibiótico tendría que ser extremadamente costoso o tendría que haber una recompensa sustancial para las farmacéuticas, quizás de una magnitud que sólo podría ser asequible para alguien como la Fundación Gates.

Pero incluso si se produjeran nuevos fármacos, la dinámica de la biología y transmisión de la gonorrea significa que cada nuevo régimen probablemente fracasaría a los cinco o diez años de su introducción, a menos que se usen regímenes de varias dosis y varios fármacos, lo cual es costoso y poco práctico.