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  • EFE

El ministro de Relaciones Exteriores de Guatemala, Luis Fernando Carrera Castro, destacó hoy, en una entrevista con Efe, que el juicio por el genocidio del pueblo ixil fortaleció el Estado de derecho en su país.

El caso es "muy complejo", explicó, pero reconoció que la imagen que se está proyectando de Guatemala, cuyos tribunales acaban de condenar a 80 años de cárcel al general retirado José Efraín Ríos Montt por delitos de genocidio y crímenes de guerra contra este pueblo maya en la década de 1980, es la de un fortalecimiento de la democracia.

Ríos Montt fue juzgado y condenado el pasado 10 de mayo por la matanza de 1.771 indígenas ixiles en el departamento noroccidental de Quiché durante el régimen que presidió entre 1982 y 1983.

"Efectivamente hay que ver al país como un espacio donde se está fortaleciendo el Estado de derecho democrático", indicó Carrera, aunque precisó que "hay gente también, y eso hay que decirlo, que está pensando que esto no es suficiente, o que está apelando la decisión".

"Todo eso puede darse, pero lo más importante ahora es que comprendamos que el país está dando saltos de madurez institucional", subrayó el ministro, quien se encuentra en China para participar en un congreso internacional de la Unesco.

El juicio en sí mismo "demuestra el fortalecimiento del sistema de Justicia" guatemalteco, tras años tratando de que "tenga independencia y pueda tomar decisiones complejas y difíciles", agregó.

Según Carrera, no es tarea del Gobierno calificar los fallos de los tribunales: "Nos toca acatarlos, y punto, no podemos decir si el fallo es bueno o es malo".

Con todo, "el punto más importante es que la Justicia puede llevarse a cabo para juzgar casos complejos como este, y que aunque todavía puede haber apelaciones en el proceso, finalmente lo más importante ya pasó: que las víctimas relataran su historia, y que los jueces, el sistema de Justicia, les escucharan", afirmó.

"Yo creo que es la primera vez que el Estado escucha a las víctimas de una manera tan sistemática, porque si bien había habido otros juicios por atrocidades durante la guerra, y varias masacres han sido juzgadas, sin embargo nunca había habido algo tan sistemático sobre esto", añadió.

Los ixiles, que durante años tuvieron que denunciar el genocidio primero a la Iglesia Católica y luego a una comisión de esclarecimiento histórico de las Naciones Unidas, "ahora le están contando la historia al Estado, y el Estado ahora tiene un registro oficial de lo que las víctimas están diciendo", señaló.

El ministro calificó de "complejos" este tipo de casos y recordó que "en España, todavía hoy es un debate poder hablar de las víctimas de la Guerra Civil".

"Eso no habla mal de España en sí, pero habla de lo difícil que es hacer estas cosas", declaró.

El canciller centroamericano también destacó que el fallo no incluyera una compensación económica para las víctimas, "sino un resarcimiento moral e histórico, cultural, podríamos decir".

"Y esto también es un grado de madurez", indicó, por "la comprensión por parte de los operadores de Justicia de que el resarcimiento no es necesariamente una cantidad de dinero, un cheque que se le paga a las personas por haber sufrido".

El juicio, indicó, demuestra también "el debate que se ha abierto sobre hasta qué punto hemos llegado a negar y a combatir la diversidad del país", un activo por el que acudió al foro de la Unesco que se celebra esta semana en China, para incluir la cultura entre los pilares del desarrollo humano a partir de 2015.

"Creo que estamos en un momento ideal para reflexionar sobre cómo construimos este país diverso, cómo hacemos para que Guatemala pueda crecer desde su diversidad en lugar de negarla", dijo, y afirmó que su país ha estado desaprovechando "la ventaja que significa esa diversidad".

Los 21 idiomas que se hablan en Guatemala, además del español, dan una gran facilidad para los idiomas a buena parte de su población, "y qué mejor que eso en un mundo globalizado", puso por ejemplo.

A Guatemala "le costó mucho reconocer" su multiculturalidad, explicó, ya que el país "se construyó sobre la noción de que sólo había un pueblo", el de ascendencia europea, mientras que la mayoría de la población, de ascendencia indígena, prácticamente no existía.