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  • AFP

Ir de Rusia a Canadá en camión a través del Polo Norte es posible: luego de recorrer 4.000 km, muchos abriéndose paso en el hielo con un pico, exploradores rusos regresaron (en avión) este jueves a su país tras una odisea de dos meses y medio.

La expedición "Marine Live-Ice Automobile Expedition", que tenía como objetivo probar camiones especialmente diseñados con neumáticos de baja presión, fue también la aventura de un grupo de viejos amigos soñadores, atraídos por "la necesidad espiritual de los grandes espacios", explicó el jefe del grupo, Vassili Ielaguine, en una escala en Ottawa.

Los siete aventureros recibieron el apoyo de las autoridades rusas, que los transportaron en barco a su punto de partida y les suministraron combustible "casi gratuitamente". Pero ellos mismos construyeron los camiones, utilizando piezas recuperadas de sus prototipos, con los cuales algunos de ellos ya habían llegado al Polo Norte en 2009.

Esta vez fueron mucho más lejos, transportando tres toneladas de carburante diesel para su motores Toyota 2.0, y efectuando con una autonomía total un viaje de más de 4.000 kilómetros: 2.600 km en 60 días sobre el hielo flotante del archipiélago ruso de Sévernaya Zemlyá (Tierra del Norte) hacia el oeste, y 1.500 km más sobre el banco de hielo costero más sólido, hasta llegar a Resolute Bay, en Canadá.

Al llegar les quedaban incluso 150 litros de combustible.

Avanzando "a la velocidad de un tractor, es decir a 10 kilómetros por hora", vieron en cinco o seis ocasiones osos blancos, "que no manifestaron una agresividad especial", según Ielaguine, y también focas. Pero fue el encuentro cara a cara con un grupo de morsas bigotudas, ya en el "lado canadiense", lo que más los impresionó.

También tuvieron la oportunidad de ver "una aurora boreal excepcional", que iluminó el cielo entero, dijo Ielaguine.

Prohibición de andar solo

En cierto punto "el cielo nos ayudó", contó Ielaguine, al describir el momento en que los expedicionarios se toparon con una gran abismo en los hielos flotantes, difícil de ver e imposible de franquear, que casi los obliga a rodearla a riesgo de que el desvío supusiera cientos de kilómetros y se quedaran sin combustible.

Pero de repente, las placas de hielo se movieron y la brecha se cerró de forma que los camiones pudieron avanzar. Dos minutos después de pasar sobre el hielo al otro lado, la enorme grieta se abrió de nuevo, relató Ielaguine.

La principal medida de seguridad fue que el camión que abría el convoy arrastraba tras de sí una cuerda de 200 metros de largo. Así, si el hielo, a veces cubierto por una capa de nieve que impedía medir su espesura, cedía bajo el peso del vehículo que lideraba la marcha, los otros camiones podían remolcarlo al ir marcha atrás para devolverlo a la superficie.

"No nos gustaba caer en el agua, porque suponía perder tres horas en limpiar la suspensión, completamente cubierta de hielo", explicó Ielaguine.

Otra precaución fue que nadie caminara nunca solo por el hielo para evitar caerse en las heladas aguas del Ártico, lo cual, con sus pesados abrigos, significaría una muerte segura puesto que no podrían salir antes de que una hipotermia paralizara sus cuerpos.

El recibimiento de los canadienses en Resolute Bay el 9 de mayo fue extremadamente caluroso, recordaron los exploradores rusos, cuyos camiones quedaron guardados en garajes de la pequeña ciudad canadiense en espera del siguiente tramo de su aventura.

En febrero próximo, la "Marine Live-Ice Automobile Expedition" tiene previsto retomar la marcha continuando su camino hacia el oeste y atravesando el estrecho de Bering - en su parte norte, sobre hielo sólido - para regresar a la costa pacífica rusa.

Los vehículos de la peripecia, bautizados "Iemelia" por un personaje de fábula rusa, perezoso pero capaz de viajar en el horno de una cocina mágica en la que duerme, podrían comercializarse: a su llegada a Moscú, Ielaguine tiene previstas reuniones con inversores interesados en su fabricación.