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WASHINGTON /AFP

El presidente estadounidense, George W. Bush, saludó ayer sábado la aprobación del plan de rescate financiero de 700,000 millones de dólares en el Congreso, pero advirtió que la mejora no será inmediata.

El Senado aprobó el miércoles la “Ley de estabilización económica de emergencia 2008”, mientras que la Cámara de Representantes lo hizo el viernes, tras rechazar una versión anterior del proyecto el lunes. Bush promulgó inmediatamente la ley.

La medida confiere al Tesoro estadounidense “las herramientas necesarias para lidiar con el problema en nuestro sistema financiero”, dijo Bush en su programa radial semanal.

“Ahora comienza el juego difícil”, titulaban al unísono el New York Times y el Washington Post.

“Es una de las mayores empresas de gestión de activos del mundo, con un importante tesoro de guerra de 700,000 millones de dólares. Nada menos que la economía mundial depende de su éxito”, publicaba el NYT, “y el Tesoro estadounidense tiene apenas un mes para hacerlo funcionar”, antes de las elecciones del cuatro de noviembre.

Para el WSJ, si la nueva ley da “una oportunidad para que se detenga el pánico financiero de los últimos 14 meses”, “el pánico no cesó y la perspectiva de una recesión económica no va a ayudar”.

No mucho más optimista, el Post estimaba que “de ninguna manera el voto de ayer (viernes) asegura que el problema está resuelto”.

Para intentar tranquilizar a los estadounidenses y los mercados, el presidente Bush advirtió que “llevaría tiempo” hasta que los efectos de la ley se hagan sentir.

“Al tomar todos estos pasos, podemos comenzar a poner nuestra economía en camino hacia la recuperación. Aunque estas medidas serán efectivas, también tomará tiempo implementarlas”, dijo Bush este sábado en su alocución radial.

Beneficios tardarán
“Mi gobierno se moverá lo más rápido posible, pero los beneficios de este paquete no se sentirán de inmediato. El gobierno federal ejecutará este plan de rescate a un ritmo cuidadoso para asegurar que el dinero de los impuestos sea gastado sabiamente”, añadió.

Bush, quien había calificado el plan como “esencial para ayudar a la economía estadounidense a sobrevivir a la crisis financiera”, aseguró que el costo final para los contribuyentes será “mucho menos” de 700,000 millones de dólares, porque con el paso del tiempo el valor de los activos que compre el gobierno “probablemente se aprecie”.

La deuda de Estados Unidos debería, sin embargo, verse agrandada. La agencia de notación Fitch advirtió que “la deuda del gobierno (de Estados Unidos) sobrepasaría el 70% del PBI por primera vez desde los años 1950”.

Y la Bolsa de Nueva York, agotada de tanto esperar al plan y su adopción, se agitó con una volatilidad que alcanzó niveles impresionantes. Wall Street cerró la semana con una baja de 1.50%, al volver a cobrar importancia los temores de recesión en los corredores.

“Espero que el largo camino que recorrimos nos permita restablecer la confianza en nuestros mercados”, declaró el senador demócrata James Clyburn.

Pero si el secretario del Tesoro, Henry Paulson, prometió que actuaría “metódicamente” y rápidamente, la complejidad de la puesta en práctica del plan podría retrasar en varias semanas las primeras compras de activos bancarios en problemas.