•   San José, Costa Rica  |
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  • AFP

El asesinato este viernes de un joven ambientalista de Costa Rica levantó la alerta entre grupos conservacionistas, en un país conocido a nivel internacional por la protección de sus recursos naturales pero que vive la amenaza del crimen organizado, especialmente en la zona caribeña.

Jairo Mora tenía 26 años y era un férreo defensor de las tortugas marinas, animales que acostumbraba ver desde niño en su natal playa Gandoca, en la provincia de Limón, en el litoral caribeño de Costa Rica.

Trabajaba en un proyecto de conservación de la organización local Eco Paradero y la internacional Widecast; su pasión lo llevaba a denunciar continuamente el saqueo de huevos y la operación de grupos delictivos en las playas de la zona, sitios de desove de varias especies, entre otras la gigantesca tortuga baula.

"Podrían enviar mensajes a la policía para que vengan a la playa de Moín... Que no tengan miedo, solo que vengan armados, no más... 60 tortugas perdidas, ni un solo nido... Ocupamos ayuda y pronto...", pidió desde Facebook el pasado 23 de abril.

La madrugada del viernes, Mora y cuatro voluntarias extranjeras patrullaban en playa Moín, a unos 170 km al este de la capital, cuando fueron interceptados por cuatro encapuchados, que encerraron a las mujeres en una vivienda abandonada y él se lo llevaron.

Las mujeres, tres estadounidenses y una española, cuyos nombres no han sido divulgados, escaparon y dieron aviso a la policía. Poco después hallaron el cuerpo de Mora. Yacía desnudo, boca abajo sobre la arena. Tenía las manos amarradas y un disparo en su sien.

El vehículo en el que patrullaba, prestado para esa labor por una veterinaria del lugar, estaba abandonado a corta distancia.

Ecologistas amenazados por organizaciones criminales


El crimen motivó a Widecast a cerrar por el momento su proyecto en el Caribe, dijo Didiher Chacón, director en Costa Rica, quien dijo a la AFP que el compromiso de Mora por su trabajo "le costó la vida".

El joven había denunciado en un reportaje publicado en abril en el diario La Nación que los ambientalistas de la zona eran amenazados por organizaciones criminales.

"Eso le costó la vida y todo eso es verdad, eso (Limón) es tierra de nadie, es como el matadero del narco y todos hemos recibido amenazas para que dejemos el sitio, cuando lo que queremos es proteger a las tortugas", denunció Chacón.

En un comunicado "urgente", la organización conservacionista Apreflofas lamentó la muerte de Mora y aseguró que "otros ecologistas, en otros puntos del país, reportan amenazas y acosos".

"La impunidad no es una opción y por esto invitamos a todas las organizaciones ecologistas, sociales y de derechos humanos para organizar una vigilia y manifestación ante el Poder Judicial", agregó la nota, que invitó a la prensa "a ser incisiva en este caso".

El hecho llenó de comentarios las redes sociales, con llamados a dejar de consumir huevos de tortuga, un producto considerado en la cultura popular como afrodisíaco.

No obstante, Chacón indicó que ése es sólo uno de los problemas, pues las zonas de desove son usadas por grupos delictivos para cometer crímenes. "El año pasado aparecieron dos personas incineradas en esa zona", recordó.

Autoridades no han dado detalles del caso

Las autoridades no han entregado detalles del caso debido a que está en curso la investigación.

"Hay que determinar el móvil de la muerte de Jairo", manifestó a periodistas Celso Gamboa, director de Inteligencia y Seguridad. "Estamos profundamente conmovidos", agregó.

Similares palabras expresó la embajada estadounidense, en una reacción en su página en Facebook: "(...) lamentamos profundamente el asesinato sin sentido de Jairo Mora Sandoval, un comprometido ecologista costarricense que estaba levantando la alarma sobre las amenazas que recibían los conservacionistas por parte de grupos criminales de tráfico de drogas y vida silvestre".

Chacón manifestó que las mujeres que acompañaban a Mora se encontraban impactadas pero bien. Ellas estaban declarando ante la policía.