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“¿Cuándo tocaremos fondo?” La pregunta era recurrente entre financistas y operadores de Wall Street, este lunes en que la bolsa siguió en caída libre, pero nadie conoce por el momento la respuesta.

“Estamos todos preocupados, muy preocupados, tratando de actuar con prudencia y de no sobre reaccionar”, dijo a la AFP Richard Farenci, que trabaja en el New York Stock Exchange y sale apurado del edificio de la bolsa.

En la esquina de las calles Wall y Broad, en el sur de Manhattan, las caras largas se están volviendo una rutina y ya muy pocos aceptan conversar.

El Dow Jones, termómetro de los valores industriales, acaba de romper el piso simbólico de los 10,000 puntos, por primer vez desde 2004, y parece que abajo se hubiese abierto un abismo del que nadie vislumbra el fondo.

“Es difícil de saber, nadie lo sabe”, dijo James, que también trabaja en la bolsa”. “Hoy (ayer) no fue un buen día, hay que esperar, el problema hoy (ayer) venía del lado europeo, ver si son capaces de manejar la crisis”.

Vincent Alessi, gerente del “Bobby Van’s”, el restaurante de los financistas que logran hacer una pausa o que se dan cita para un “power lunch” (almuerzo de negocios), observa el fenómeno desde la vereda de enfrente.

Nervios hacen devorar cantidades de carnes a financistas
“Nosotros tenemos más gente que nunca”, asegura Alessi. “Eso pasa cuando la bolsa se mueve mucho, hacia arriba o abajo: nos llenamos. Vienen a lamentarse o a celebrar”. Y a comer carne en altas dosis, la especialidad de la casa.

Según Alessi, “nunca se puede saber de antemano, el viernes pasado, cuando el Congreso aprobó el paquete de rescate, el ambiente era muy bullicioso”.

Pero el mercado se tragó el paquete de rescate de 700 mil millones de dólares como si fuesen los churrascos del Bobby Van’s, y este lunes fue casi tan negro como el anterior en que el Dow Jones perdió más de 700 puntos.

“Tenemos que tocar fondo, porque si no tocamos fondo, no podemos volver a recuperarnos”, repite en la calle con inquietud Bruce Elía, un financista rubio con porte de atleta, de traje y corbata oscuros.

Según otro de sus pares, Robert W. Kean IV, de 29 años, y de cerca de un metro noventa de altura, la bolsa “va a seguir bajando por un buen rato, hay falta de confianza. Incluso valores con buena hoja de balance, con liquidez y deuda limitada, siguen cayendo”. “Las ‘commodities’ (materias primas) también están siendo golpeadas a causa de la desaceleración económica mundial”, comenta el financista.

Miles sin trabajo
Kean analiza la situación casi sin gesticular, su mirada azul permanece impasible y habla sin señales de dudar de lo que dice: para él, la crisis es una nueva oportunidad y de hecho se dirige a una entrevista de trabajo.

No quiso revelar el nombre de su nuevo empleador, pero dijo que se trata de una pequeña banca de inversión, un tipo de empresa con personal reducido que florece ante la desaparición de dinosaurios como Lehman Brothers.

“Conozco mucha gente que perdió su trabajo”, cuenta. “Están buscando otro, pero desgraciadamente hay muchas empresas que ni siquiera aceptan sus curriculum”.

Según Kean, unas 100,000 personas perdieron su empleo, pero quieren seguir en esta actividad, “porque cuando uno está en esto, es prácticamente lo único que sabe hacer”. Otros ya optaron por irse de Nueva York, dice.

“Hay gente que se pregunta si Nueva York se mantendrá en posición de mercado número uno mundial. Pero por otro lado, los demás mercados operan siguiendo al de Estados Unidos, reflejando lo que sucede aquí. Probablemente se trate de un problema a corto plazo y volvamos a recuperarnos para 2010”.

Frente a la bolsa, sobre Wall Street, el gimnasio Equinox, instalado en la planta baja de un majestuoso rascacielos “art deco”, donde la alta finanza va a entrenarse y quitarse el estrés, también trata de superar el mal paso.

En un correo electrónico enviado este lunes a sus socios, Equinox recomienda, entre otras medidas, hacer ejercicio, dormir bien, “vivir el momento”, “meditar” y “decir que ‘no’ cuando sea necesario”.

La receta del gerente del Bobby Van’s es aún más simple. “Todos se preguntan qué hacer con el dinero ahora”, dijo riendo Vincent Alessi. “Yo les contesto: cómase un buen churrasco, disfrute de su dinero”.