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  • EFE

La ola de protestas que hace dos semanas se extiende por todo Brasil continuó ayer con manifestaciones, principalmente en los estados de Sao Paulo, Río de Janeiro y Minas Gerais, donde autopistas fueron bloqueadas y centenas volvieron a salir a las calles.

El día comenzó con movilizaciones en los barrios periféricos de Capao Redondo, Campo Limpo (sur) y Guayanazes (oriente) de la capital paulista, donde pacíficamente personas se concentraron en estaciones del tren metropolitano para protestar contra la calidad de los servicios públicos.

El movimiento también pidió una revisión en los precios de los alquileres de vivienda y más soluciones de habitación por parte del Gobierno.

Poco después de las manifestaciones, el gobernador de Sao Paulo, Geraldo Alckmin, anunció una reducción en la tarifa de los autobuses intermunicipales del área metropolitana de la capital regional.

Las protestas comenzaron, con más intensidad, el pasado 13 de junio en Sao Paulo, con una movilización contra el alza de la tarifa de autobuses, pero luego las manifestaciones se extendieron a otras ciudades, motivadas por otras reivindicaciones sociales, con algunos actos de violencia, vandalismo y represión policial.

Propuesta de reforma

La presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, enviará al Congreso el pedido para que se haga un plebiscito para una reforma política en el país, aunque sin la convocatoria de una asamblea constituyente, informó el martes el ministro de Educación, Aloizio Mercadante.

“Grave crisis de legitimidad”

“La presidenta encaminará a los presidentes de la Cámara y del Senado la propuesta del Ejecutivo para la realización de un plebiscito”, dijo Mercadante. “No tenemos tiempo hábil para realizar una constituyente”.

El presidente de la Corte Suprema de Brasil, Joaquim Barbosa, dijo ayer que aunque la democracia “no está en riesgo” con las protestas que se suceden desde hace dos semanas, el país está sumergido en una “grave crisis de legitimidad”.

Tras una reunión con la jefa de Estado, Dilma Rousseff, Barbosa declaró que las manifestaciones en las calles significan que Brasil “está cansado de reformas de cúpulas” políticas que atienden solo sus “intereses específicos”.