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  • EFE

La activista Edith Windsor enviudó en 2009 y sintió que, legalmente, su país no hacía justicia a las cuatro décadas de amor a su pareja, Thea Spyer. Su victoria hoy en el Supremo de Estados Unidos conquista la igualdad en las leyes federales de los matrimonios homosexuales y asegura que su historia no se repita.

“Si he tenido que sobrevivir a Thea, ¡qué manera más gloriosa de hacerlo! Ella estaría muy agradecida. Gracias a todos”, dijo una emocionada Windsor en una rueda de prensa en Nueva York, tras conocerse que el Supremo declaró inconstitucional la definición de matrimonio exclusivamente entre hombre y mujer que defendía una ley federal conocida como DOMA.

A los 84 años, la tenacidad de Windsor ha conseguido una jornada histórica en la lucha por los derechos de la comunidad LGBT, pues los matrimonios homosexuales no disfrutaban hasta hoy de los mismos derechos que los heterosexuales ante las leyes federales en cuestiones como inmigración, sanidad o régimen fiscal.

“Tengo ante mí un pedazo de historia. Estoy orgullosa, muy orgullosa”, dijo tras reconocer que al principio no pudo articular palabras, sino simplemente dejar las lágrimas correr porque
“a partir de ahora, los que no lo creían verán que amamos y sentimos igual que ellos”.

Windsor había interpuesto una demanda para recuperar los 363,000 dólares de impuestos de patrimonio que la ley federal estadounidense le obligaba a pagar al no reconocer su matrimonio en Canadá dos años antes.

“A los ojos de mi país, Thea no era mi esposa legal, sino que era considerada como una extraña sin relación conmigo”, señaló para añadir: “No tendría que haber pagado ese dinero si me hubiera casado con un hombre llamado Theo”, según dijo haciendo uso de su llamativa agilidad mental y su infatigable sentido del humor.

“Hay toda una nueva generación que piensa que ya no hay discriminación, para todavía la hay. Espero que sea el final de muchos suicidios y el principio de muchos adolescentes enamorándose y pensando que hay un futuro para ese amor”, enfatizó Windsor.

Windsor, nacida en Philadelphia en 1929, había preparado tres discursos, por si perdían, por si ganaban o por si se quedaba en un punto medio. Pero tras el veredicto del Supremo sentenció: “Teníamos el derecho a ganar, creo que nuestros argumentos eran sólidos y todos los demás estaban locos”.

El triunfo para ella por encima de todo, es justicia poética de un amor que vivió toda la vida oculto y que por fin pudo hacer público en 2007, al casarse con Thea Spyer en Canadá. Necesitaron ocho personas que ayudaran a Spyer a montarse en el avión, pues sufría de esclerosis múltiple, y dos años después de la unión falleció.

Windsor dijo hoy que podía imaginar a Thea diciéndole “¡lo conseguiste, cariño!”.

“Gracias a la decisión del Tribunal Supremo, cada niño que nazca podrá crecer en un mundo sin la Ley de Defensa del Matrimonio (DOMA), un mundo donde el gobierno federal no los discriminará por sus matrimonios, sean con quien sean”, dijo.

Windsor, quien reconoció que para ella matrimonio es “una palabra mágica”, en su futuro y pese a la euforia del momento solo quiere tranquilidad, que será su manera de saborear la victoria.

“No me quedan muchos años y tengo ganas de relajarme un poco”, concluyó la activista.