•   Madrid  |
  •  |
  •  |
  • EL PAIS

Al menos 79 muertos y más de un centenar de heridos en el mayor accidente de tren en España en los últimos 40 años. El Alvia Madrid-Ferrol descarriló al tomar a 180 kilómetros por hora una curva en la que no se puede circular a más de 80.

Santiago de Compostela vivía el pasado miércoles los prolegómenos de su fiesta grande cuando el tren Alvia, que cada tarde-noche entra en la estación ferroviaria de la capital de Galicia procedente de Madrid y con destino Ferrol, descarriló, a solo cuatro kilómetros de la parada, con una fuerza brutal, de tal intensidad que uno de los ocho imponentes vagones voló a 15 metros de la vía.

El accidente, registrado a las 20.41, dejó un saldo provisional de 79 muertos, según fuentes del Tribunal Superior de Justicia de Galicia citados por AFP, y al menos 130 heridos, 20 de ellos muy graves. El recuento de víctimas no ha dejado de crecer durante toda la noche. En el convoy, formado por ocho vagones y dos máquinas, viajaban 218 pasajeros y cuatro tripulantes.

Dos supervivientes relataron a EL PAÍS cómo sintieron que el tren tomaba una curva cerrada, justo bajo el viaducto de la principal autopista de peaje de Galicia; luego, cuando abrieron los ojos, estaban rodeados de cadáveres.

El maquinista, que sufrió heridas leves, comentó a los policías sobre el terreno que había entrado 'fuerte' en la curva. Otras fuentes aseguran que el tren circulaba a 180 kilómetros por hora, cuando el límite en ese tramo es de 80, aunque en la recta previa pueden alcanzarse 250 kilómetros.

Este es el primer accidente con víctimas mortal en una línea de alta velocidad en España y el más grave siniestro ferroviario en los últimos 40 años. La vía, nueva, estaba adaptada a la alta velocidad, pero no el sistema de señalización.

Los vecinos del barrio compostelano de Angrois, junto al camino de hierro que lleva a la estación de la capital gallega, fueron los primeros e improvisados equipos de rescate que acudieron en auxilio de las víctimas.

El tren Alvia, serie 730, un híbrido con tracción diésel y eléctrica, descarriló al tomar la curva más cerrada del recién renovado trayecto entre Santiago y Ourense, reformado para acoger la alta velocidad.

El convoy salió de la estación de Madrid-Chamartín a las tres de la tarde y tenía que haber llegado a Ferrol a las 10.30 de la noche. Los ocho vagones volcaron y uno de ellos acabó convertido en un amasijo de hierros.

A la zona de Angrois se trasladó una grúa gigante para mover los restos de los convoyes, de los que durante horas los efectivos de emergencias no cesaron de retirar heridos y cadáveres atrapados entre los hierros. Las autoridades utilizaron los medios de comunicación para pedir a los ciudadanos que no se acercasen a la zona del siniestro mortal para evitar un colapso que dificultase innecesariamente la asistencia a las víctimas.

El Alvia es el ferrocarril más veloz que atraviesa este trayecto reformado para que en el futuro circulen por sus vías los AVE que comunicarán Galicia con Madrid. El impacto fue de tal magnitud que la máquina trasera atrás del tren accidentado ardió y otro de los vagones voló sobre un talud a cinco metros de altura y quedó a 15 de distancia de la vía. El motor de una de las máquinas, una mole inmensa, salió despedido por el choque.

Los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado se afanan ahora en aclarar las causas del accidente y manejan como única hipótesis el exceso de velocidad.