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  • AFP

La turística playa de Copacabana está llena, no cabe un alfiler: según el Vaticano, son tres millones los fieles que apiñados asistieron a la última misa del papa Francisco en Rio de Janeiro, que incluyó un masivo y contagioso 'flash mob' y momentos de profunda reflexión.

Como una estrella de rock, Francisco hizo una nueva caravana por la costanera despertando las pasiones de los fieles. "¡Viva el papa!", repetían los peregrinos a su paso. Aunque algunos ni lo notaron, vencidos por el sueño, después de pasar la noche en vela en la vigilia de la noche anterior.

Largas filas para el baño, basura acumulada en la acera, campamentos improvisados impidiendo el tránsito de las personas, empujones, pisotones, atascos: buscar un lugar en la arena para ver la misa fue una pesadilla.

Desde la tarima, consignas y canciones a favor de la Iglesia para calmar los ánimos, funcionaron. "¡Se ve, se siente, el papa está presente!", exclamaban los peregrinos.

En su recorrido en el papamóvil, el pontífice paró a saludar fieles, tomó mate, besó niños y una vez en el altar recibió una sorpresa de los jóvenes: el 'flash mob'.

Música maestro


"Es hora del mayor 'flash mob' del mundo", se anunció en el parlante, y arrancó la música. "Sea bienvenido, bienvenido entre nosotros/qué bueno es oír tu voz", cantaban los muchachos, mientras bailaban la coreografía que fue divulgada, junto a la letra de la canción, por internet.

Raquel Maria Saad, una brasileña de 19 años, se movía con facilidad sobre la arena, dominando a la perfección cada salto, cada balanceo de brazos, cada vuelta, cada agachado de la coreografía, que sin la misma facilidad trataron de imitar miles de sacerdotes, cardenales y obispos con movimientos torpes.

"Practiqué todos los días. Tuve una sensación de que la Iglesia era una, fue muy emocionante", dijo a la AFP con su amplia sonrisa esta joven, acompañada de un grupo de italianas, que como los religiosos, tuvieron más dificultad para bailar la canción "Bienvenido papa Francisco".

Desde lejos se veían las puntitas de los dedos de los millones de peregrinos vibrando, dirigidos por un grupo de chicos que bailaban sobre el altar.

Más temprano, Anyne Karolina Romano (19) y Nathalia de Carvalho (17) practicaban. "No, así no, es así", le mostraba Anyne a Nathalia, que imitaba los movimientos. Ambas habían pasado la noche en Copacabana.

"Quitando el frío fue maravilloso", dijeron en referencia al invierno austral que este año atacó con más fuerza a la cálida 'cidade maravilhosa'.

En la JMJ de Madrid hace dos años se realizó una coreografía similar.

Comenzó la misa y la cara cambió, era hora de reflexión. Muchos feligreses oían la ceremonia en sus idiomas a través de la radio. Pero en los momentos colectivos, como el abrazo de la paz, fue curioso ver cómo todos se saludaban en distintas lenguas. Al final, el rito es el mismo.

Sobre la arena, Maria Luisa Barbosa (45) se arrodilló como la mayoría y levantó los brazos al cielo durante la consagración de las manos en esta misa colectiva que asegura fue un "regalo de Dios" en el día de su cumpleaños.

"Es una bendición", aseguró sonriente.