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  • AFP

El Papa se despidió este domingo de Brasil donde impulsó con vehemencia una Iglesia simple que vaya a las periferias y defienda a los más pobres, tras haber oficiado en la mañana del domingo una gigantesca misa, al borde del mar, para tres millones de personas, según el Vaticano.

En la misa de clausura de la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ), celebrada en la espectacular playa de Copacabana, el papa Francisco pidió a los jóvenes peregrinos de todo el mundo "salir sin miedo a evangelizar".

Más tarde, instó a los obispos latinoamericanos a que "amen la pobreza" y no se comporten como "príncipes".
El Papa argentino criticó, asimismo, la ideologización de la Iglesia, y destacó la importancia del trabajo en pastorales y en comunidades eclesiales de base, al reunirse con el comité coordinador de la Conferencia Episcopal Latinoamericana.

Inspiración en la Teología de la Liberación


Durante su viaje, el primer papa latinoamericano resucitó varios pilares de la Teología de la Liberación (TL), "como la compasión, la opción por los pobres, las periferias, la ciudadanía participativa", dijo a la AFP Fernando Altemeyer, téologo de la Universidad Católica de Sao Paulo.

La TL nació en esta región hace más de cuatro décadas, y fue acusada de marxista por el papa polaco Juan Pablo II, por defender la opción preferencial de la Iglesia por los más pobres.

Francisco, de 76 años, llegó a la misa en un papamóvil descubierto, saludando a cientos de miles de jóvenes peregrinos de la JMJ, que pasaron la noche en la playa en una gigantesca vigilia. Decenas de personas se bañaron en el mar mientras escuchaban la misa.

Llegando a la misa, el papa argentino estrechó manos y volvió a tomarse un mate que le ofreció un joven. "¡Viva el Papa!", gritaba la gente, en delirio.

"Meterse en la vida"


La víspera, al inicio de la vigilia, el papa pidió a los jóvenes "meterse en la vida" y no mirarla pasar desde el balcón, ser protagonistas del cambio, interesarse por la política y por los problemas sociales y no dejarse ganar por la apatía.

"Los jóvenes en las calles quieren ser protagonistas del cambio. Por favor no dejen que otros sean protagonistas del cambio", pidió, ante una gigantesca muchedumbre que le aclamaba, muchos llorando, tras recientes protestas callejeras que sacudieron Brasil en demanda de mejores servicios públicos, y contra la corrupción y el derroche del gasto público.

Francisco llamó a la Iglesia a reconquistar a quienes se convirtieron en evangélicos o viven sin Dios, buscando la sencillez en actos y palabras, y trabajando en "favelas, cantegriles, villas miseria" para frenar la sangría de fieles.

Al igual que en Brasil, el país con más católicos del mundo, en el resto de la región la Iglesia católica pierde terreno frente al crecimiento de las iglesias neopentecostales y al aumento de las personas sin religión.

Y como lo hizo a los jóvenes, Francisco pidió a los obispos y  a los cardenales brasileños no tener miedo de involucrarse en asuntos relativos a "la educación, la salud, la paz social", que son "las urgencias de Brasil", y los instó a comprometerse más con la realidad social.

El papa dijo que la Iglesia brasileña ha aplicado con originalidad el Concilio Vaticano II (1962-1965), que adaptó la Iglesia a los tiempos modernos y cambió su perfil cerrado y doctrinario hacia el de una Iglesia pastoral.

Antes de la celebración, la multitud de jóvenes de esta suerte de "Woodstock católico" protagonizó un masivo "flash mob", con música y coreografías, al que se unieron miles de sacerdotes, obispos y cardenales.

Las presidentas de Brasil y de Argentina, Dilma Rousseff y Cristina Kirchner, así como el presidente de Bolivia, Evo Morales, asistieron a la misa.

Tras esta JMJ en Brasil, el país con más católicos del mundo, Francisco anunció que la próxima será realizada en Cracovia (Polonia) en 2016, tierra natal de Juan Pablo II (1920-2005), que será proclamado santo por el papa este año.