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  • EFE

El presidente uruguayo, José Mujica, explicó ayer que lo que pretende con la legalización de la compra-venta y el cultivo de marihuana, es “regular” un mercado que “ya existe”, y no para dar pie a un “Viva la Pepa” (marihuana).

En una alocución radiofónica y en su habitual tono campechano y filosófico, el mandatario uruguayo, un veterano exguerrillero tupamaro de 78 años, se explayó sobre la controvertida iniciativa impulsada por su Gobierno, que este miércoles recibió el respaldo de los diputados, lo que prácticamente garantiza que se convierta en ley antes de fin de año tras su paso por el Senado.

Mujica consideró que esta norma, que habilitará la compra libre de la droga en farmacias especialmente autorizadas y permitirá el cultivo doméstico de hasta seis plantas de marihuana, constituye un “experimento de vanguardia mundial” para enfrentar el narcotráfico, “un negocio con tasas de ganancia que pueden corromperlo todo”.

Según el presidente, el narcotráfico “da mucha guita (dinero) para corromper a troche y moche. Tiene la característica de que termina arrasando con todo”.

“La maruja no es buena”

“La ley que se intenta es una regulación de algo que ya existe, que funciona delante de nuestras narices, en una esquina, en las puertas de los liceos”, afirmó el presidente, quien insistió en la idea de que el objetivo es “arrebatarle el mercado a la clandestinidad e identificar un mercado a la luz del día”.

“Nosotros no vamos a decir que la maruja (marihuana) es buena. Lo que pasa es que los que consumen no dan bola (no hacen caso) a los consejos, y no por ello hay que dejarlos en banda. Y están atrás de la aventura de comprarle al narcotraficante por aquí y por allá porque es clandestino. Y aunque es clandestino, el hedor (de la marihuana) se siente por muchas partes”, aseguró.

Rechazo de “viejos”

El presidente José Mujica se refirió al rechazo mayoritario a la legalización de la marihuana de la población uruguaya que las encuestas señalan en este tema, que entendió como “el rechazo de un país de viejos” y sus dificultades para “entender a los jóvenes”.

El presidente se reconoció culpable de haber tenido el “vicio” del tabaco y de tomar “algún trago también”, y que esa falta de “inocencia” le obliga a “rejuvenecer las neuronas” y darse cuenta “de cual es la vida de los muchachos”.

“Nosotros queríamos que la mayoría de la población entendiera esta batalla porque necesitamos la ayuda de nuestro pueblo. La gravedad del problema es enorme, pero este es un país de mucha gente veterana y sana que tiene miedo ante esta plaga, y es lógico.

Piensan que es peligroso. Nos cuesta entender a los jóvenes porque somos un país de viejos. Como no nos gusta el asunto miramos para otro lado”, dijo.