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  • EFE

Millones de musulmanes del mundo árabe celebraron el jueves la fiesta de Eid al Fitr, que marca el fin del mes de ayuno del Ramadán y que este año ha perdido su típico espíritu festivo por la tensión y los conflictos políticos que han sacudido a la región.

En Egipto, el Ramadán, que comenzó una semana después del Golpe militar que derrocó al presidente islamista Mohamed Mursi, no logró poner fin a las protestas multitudinarias convocadas a favor y en contra del mandatario depuesto.

Ni el calor ni el ayuno disuadieron a miles de seguidores de Mursi, acampados en la plaza cairota de Rabea al Adauiya, de continuar con su sentada y organizar marchas masivas para pedir su regreso al poder.

Los opositores a Mursi, por su parte, han aprovechado el Ramadán para invitar a los ciudadanos a tomar el “iftar”, comida con la que se rompe el ayuno tras la puesta del sol, en la céntrica plaza Tahrir, para expresar su apoyo a las Fuerzas Armadas egipcias.

Noha Awad, una joven médico que no pudo olvidarse durante el mes sagrado de la división política en el país, se quejó, en declaraciones a Efe, de que este año no ha podido disfrutar de las típicas noches de Ramadán con sus amigos en los cafés, por temor a la violencia.

Un ejemplo es la telenovela “Al Daea” (el clérigo), que habla de los islamistas y su dominio del poder durante el año de mandato de Mursi.

En Siria, el Ramadán tampoco ha dado una pausa a la violencia, ya que, según la oposición, más de 1,700 personas han muerto a manos de las tropas del régimen sirio durante el mes sagrado, en el que los musulmanes se abstienen de comer, beber y fumar desde que sale el sol hasta que se pone.

No solo la violencia ha aumentado, sino también los precios de los productos básicos, lo que ha añadido más sufrimiento a los sirios.

Mayed Niazi, secretaria general de un partido opositor que participa en el boicot, anunció en su página de Facebook que no comprará huevos, pollo, yogur y otros productos lácteos durante una semana mientras los comerciantes no bajen sus precios.

Un julio sangriento en Irak

En Irak, la violencia se ha intensificado en el Ramadán, que comenzó el pasado 10 de julio, con numerosos atentados, especialmente contra las fuerzas del orden y la comunidad chií.

Según la ONU, 1,057 iraquíes murieron y 2,326 resultaron heridos en julio, unas cifras ligeramente superiores a las del Gobierno iraquí, que calculó en 989 los fallecidos y en algo más de 1,500 los heridos ese mes, el más mortífero en cinco años.